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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for septiembre, 2010

Exhibición de cuerpos

Posted by Pocho On septiembre - 27 - 2010

Por: Lorenzo Madrigal

Fuente: El Espectador

Entiendo la crueldad de esta guerra. Entiendo el show mediático que debe “montar” el gobierno, cada vez que abate a un terrorista. Pero, no entiendo ¿Por que nuestros hijos deben estar expuestos a imagenes repugnantes, de Noticieros, Diarios y Revistas?. Aunque hay que reconocer, que en esta ocasión hubo más mesura, que en marzo de 2008. Buena columna de Lorenzo Madrigal. Pocho

No hubo pudor alguno para dejar ver el cuerpo semidesnudo y acribillado de Pablo Escobar, alcanzado por las fuerzas del orden en el tejado de una casa del barrio Los Olivos de Medellín. En la morgue también lo mostraron, no muy reconocible me pareció, pero al lado de su dolorosa madre, cuyo sentimiento no era fingido y por eso creí.

El cuerpo del Mejicano fue exhibido, horas después de los hechos de su presumible abatimiento, al tiempo con el de su hijo Fredy y de otros ocho acompañantes. La verdad, el cadáver del capo no convenció a los periodistas que cubrían la noticia de su muerte: en una revista pusieron como tal a uno y en un periódico de primera línea nacional a otro. Un periodista, de apellido Rincón, publicó un libro bajo el título El Mejicano vive. Tuve en mis manos esa publicación ilegible y desistí porque carecía de puntuación.

La calavera de Castaño, con todos sus bien encarrilados dientes, fue exhumada y mostrada al público general, como si fuera el hombre de Neanderthal (en este caso: “Near dental”). Sus huesos esparcidos por el laboratorio, desmenuzado el hombre que no hacía mucho se mostraba vigoroso y parlanchín. Para mirar este espectáculo casi necesité estar acompañado de un adulto responsable.

El saco transparente y tumefacto, contentivo del cuerpo del guerrillero Reyes, se trajo a Bogotá, a la vista de la prensa y de todo el público. No se tomó en cuenta el legendario respeto por los difuntos ni la sensibilidad de la gente. Y, por cierto, no basta con que el presentador de noticias advierta: son imágenes sensibles.

Se repite, pues, la historia. Uno más de los muy abultados cadáveres es mostrado ahora por las autoridades y por los medios visuales, no sé si para escarmiento, a la usanza de la Colonia. Es lo que hacen con los vestigios fúnebres del personaje más odiado de todos por su maldad e injusticia y por la crueldad con que mantuvo esclavizados por años a sus prisioneros.

Esto viene a que me parece falta de piedad con estos cuerpos sin vida, en la absoluta indefensión de la muerte, en la ignominia de sus propios antecedentes, si bien derrotados por la ley, aún dueños de un último derecho humano, el del respeto por sus despojos mortales.

Me atrevería a imaginar que alguna camilla debió traer bajo “mortuorias sábanas” (dignas de un Nocturno de Silva ) a la perrita Sasha, objeto de honores militares. Sonó desfasado el locuaz y bien hablado ministro Rivera al mencionar su pérdida. No era precisamente el momento adecuado, cuando todo el país se estremecía, así fuera con regocijo poco encomiable, por las bajas humanas de la operación Sodoma. No veremos el cadáver de Sashita, desfigurada y sanguinolenta, pues seguramente será inhumada dentro del mayor respeto por sus derechos animales. Paz en su tumba.

Un pobre pendejo

Posted by Pocho On septiembre - 27 - 2010

Por: Daniel Coronell

Fuente: Semana

Hasta el momento, creo que es la mejor columna que he leido frente al tema de Jojoy. No se si en el fondo la gente este feliz con la muerte de este personaje. Pero de lo que si estoy seguro, es que la gente hoy tiene mucha más esperanza de que nuestro país mejore. Pocho

Durante el despeje se movía en camionetas de alta gama y aun después se conocieron imágenes suyas montando caballos de paso fino.

Se lo preguntó María Cristina Caballero, una colosal periodista colombiana que ahora trabaja en Estados Unidos. Cuando empezaba el despeje en el gobierno Pastrana y el país vivía la ilusión de un proceso de paz naciente, Jojoy encabezó una arrogante demostración de fuerza. Cientos de guerrilleros con uniformes nuevos, armas modernas y bandas con el tricolor nacional sobre el pecho marcharon hasta San Vicente del Caguán.

El jefe del Bloque Oriental de las Farc quería exhibir su poder. Hizo formar a los hombres frente a decenas de cámaras de televisión y pidió un parte a los cabecillas. Entre los que se pusieron firmes estaban Romaña, Marco Aurelio Buendía y Jairo Martínez.

Todos los mapas tácticos de la época mostraban que la zona de influencia del Mono Jojoy era también la de los grandes cultivos de coca. El aumento del poderío militar de las Farc en la segunda mitad de los 80 arrancó justamente con el auge de los cultivos ilícitos promovidos por el cartel de Medellín en las selvas colombianas.

Las Farc cuadruplicaron en unos años sus hombres y su capacidad de fuego, pero empezaron a perder progresivamente cualquier horizonte político. Unos años después, el Mono Jojoy y su hermano Grannobles fueron grabados hablando de la entrega de “1.300 terneros”, días antes de que fuera interceptada una avioneta cargada con 1.300 kilos de cocaína muy cerca del área donde operaba Grannobles.

Siempre negó la relación de esa guerrilla con el narcotráfico y pretendió limitarla al “cobro de unos impuestos” a los cultivadores. Sin embargo, su influencia en las Farc creció de la mano de su fortuna. Durante el despeje se movía en camionetas de alta gama y aun después se conocieron imágenes suyas pasado de tragos, montando caballos de paso fino. Gustos más propios de otros sectores de la delincuencia.

Veía la guerra como un problema de territorio y dinero. Jojoy explicaba la existencia de las Farc como consecuencia de la tacañería del Estado. Alguna vez dijo: “No nos quisieron escuchar cuando esto se solucionaba con cinco millones de pesos, en el año 64”.

Dentro de las Farc encarnaba la más dura de las líneas y creía que –en el mejor de los casos– un proceso de paz debería desembocar en un tratado de límites: “Aquí quedan las Farc y aquí queda el Ejército”.

Según él, la zona despejada era el sitio más seguro de Colombia, y como muestra de ello argumentaba que era el único lugar del país al que el Presidente podía ir sin escoltas: “Esta es la zona más pacífica de Colombia. Los homicidios bajaron un ciento por ciento. Las funerarias se quebraron y los curas también”.

La única vez que se disculpó públicamente fue cuando un reportero le mostró que el llamado ‘Ejército del Pueblo’ mataba a campesinos y trabajadores con sus cilindros bomba. Prometió que eso cambiaría, pero el uso de estos artefactos explosivos continuó durante meses después de esa declaración.

Ese era el hombre que, con un reluciente fusil en la mano, dirigía la ominosa parada guerrillera en San Vicente del Caguán, a finales de 1998.

María Cristina Caballero esperó una pausa en la demostración. Se acercó y en una entrevista premonitoria logró sacarle a Jojoy que las Farc solo estaban interesadas en la ley de canje y no en la paz que añoraba Colombia. También le dijo que empezarían a secuestrar políticos para presionar ese intercambio. El gobierno de la época descalificó las afirmaciones porque no venían de un “vocero oficial” de las Farc. Todo lo que anunció en ese reportaje se cumplió con escalofriante exactitud.

Con la noticia de la muerte de Jojoy, recordé otra parte de la entrevista. Cuando María Cristina le preguntó qué haría cuando no tuviera fusil, él respondió que eso jamás pasaría: “El día que entregue el fusil nadie va a querer hablar con nosotros, ni los periodistas. Sería un pobre pendejo. Sería la paz de los muertos, porque nos bajarían de una vez. Si estamos vivos es porque tenemos fusil”.

México, Colombia, narcos

Posted by Pocho On septiembre - 25 - 2010

Por: Santiago Gamboa

Fuente: El Espectador

Se repite la historia. Que horror lo que esta sucediendo en nuestro hermano país de México. Ciudad Juárez, se ha convertido en la nueva Meca del narcotráfico del Siglo XXI. Es increíble, que nada pudo aprenderse de lo sucedido en nuestra amada Colombia. Excelente columna del Sr. Santiago Gamboa, no se la pierdan. Pocho

En ciudad Juárez, la prensa sale con las manos en la nuca ante el poder del narcotráfico. En su editorial, El Diario de Juárez titula: “¿Qué quieren de nosotros?”, y les pregunta a los capos “qué es lo que pretenden que publiquemos o dejemos de publicar, para saber a qué atenernos”.

Reconoce que los carteles son “las autoridades de facto en esta ciudad, porque los mandos instituidos legalmente no han podido hacer nada para impedir que nuestros compañeros sigan cayendo, a pesar de que reiteradamente se lo hemos exigido. Es por ello que, frente a esta realidad inobjetable, nos dirigimos a ustedes para preguntarles, porque lo menos que queremos es que otro más de nuestros colegas vuelva a ser víctima de sus disparos”. Esto lo escriben cuatro días después de que un segundo periodista fuera asesinado. “Ya no queremos más muertos. Ya no queremos más heridos ni tampoco más intimidaciones. Es imposible ejercer nuestra función en estas condiciones. Indíquennos, por tanto, qué esperan de nosotros como medio”.

Y más: “Para conseguir la legitimación que no obtuvo en las urnas, (el presidente Felipe Calderón) se metió —sin una estrategia adecuada— a una guerra contra el crimen organizado, sin conocer las dimensiones del enemigo ni las consecuencias que esta confrontación podría traer al país”. Y sentencia: “En ese contexto, los periodistas también fueron arrastrados (…), porque los trabajadores de los medios han sido amenazados, han realizado investigaciones sobre el crimen organizado y han estado en medio de esta guerra como testigos privilegiados a la vez que intimidados, pero aún así, nunca recibieron de su gobierno los mecanismos de protección especial que subrayó como indispensables”.

Esto pasa en México, por estos días, y todo el mundo cita a Hillary Clinton, cuando habló aquí de “colombianización”. Y es cierto. Pobre México. Pero cuando lo pienso, pasando unos días en la Universidad Veracruzana, en Xalapa, sólo me queda desearles que la “colombianización” sea completa: es decir, que los jueces sean capaces de condenar y sentenciar, a pesar de las amenazas, aceptando que el narcotráfico está en todos los estamentos sociales y políticos. Que no es un cuerpo separado: ellos allá, los malos, y nosotros acá, los buenos. No. Están dentro de nosotros, entrelazados, sus células invaden las nuestras. Por eso la fuerza militar no basta. Los jueces, magistrados y fiscales en Colombia hicieron un extraordinario sacrificio en la guerra contra los carteles, y se reforzaron. ¿Cuántos cayeron? Gracias a ese combate de los años noventa pudieron enfrentar después la parapolítica, y defender su independencia e incluso diría: salvar al país y su Constitución. Es esto lo que falta en México. Cuando los jueces tengan el valor de investigar y condenar a senadores, alcaldes, empresarios, ministros o concejales corruptos, el narco empezará a debilitarse. Y la prensa es la gran aliada de este proceso, para el que se necesita un gran valor individual. Escribo esto en uno de los diarios que más caro pagó por la libertad de informar, y que siguió adelante, contra viento y marea. Es la otra “colombianización” que les deseo, y con mucha urgencia, a mis queridos amigos de México.

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