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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for agosto, 2010

Padre, papá, papi

Posted by Carlos Prieto On agosto - 25 - 2010

Por: Daniel Samper Pizano

Fuente: El Tiempo

¡Cómo era de bueno ser padre!

Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como si no fuera dictamen de Dios sino reglamento de la Federación de Fútbol. Imperaban normas estrictas de educación: nadie se sentaba a la mesa antes que el padre; nadie hablaba sin permiso del padre; nadie se levantaba si el padre no se había levantado; nadie repetía almuerzo, porque el padre solía dar buena cuenta de las bandejas: por algo era el padre…

La madre ha constituido siempre el eje sentimental de la casa, pero el padre era la autoridad suprema. Cuando el padre miraba fijamente a la hija, esta abandonaba al novio, volvía a vestir falda larga y se metía de monja. A una orden suya, los hijos varones cortaban leña, alzaban bultos o se hacían matar en la guerra.

- Padre: ¿quiere usted que cargue las piedras en el carro y le dé de beber al buey? ¡Qué berraquera era el padre! Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas, cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en el papá. El mero sustantivo era una derrota. Padre es palabra sólida, rocosa; papá es apelativo para oso de felpa o perro faldero. Demasiada confiancita. Además -segunda derrota- “papá” es una invitación al infame tuteo. Con el uso de “papá” el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el padre era el padre: – ¡Pero, papá, me parece el colmo que no me prestes el carro…! A diferencia del padre, el papá era tolerante. Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de arrancarle de una bofetada el cigarrillo y media jeta, como hacía el padre en circunstancias parecidas. Los hijos empezaron a llevar amigos a casa y a organizar bailoteos y bebetas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban: – Bueno, tranquiliza saber que están tomándose unos traguitos en casa y no en quién-sabe-dónde.

El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo. Los hijos empezaron a comer en la sala mirando el televisor, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa. Y a coger el teléfono sin permiso, y a sustraer billetes de la cartera de papá, y a usar sus mejores camisas. La hija, a salir con pretendientes sin chaperón y a exigirle al papá que no hiciera mala cara al insoportable novio y en vez de “señor González”, como habría hecho el padre, lo llamara “Tato”.

Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero bastante maltrecha. Nada comparable a la figura procera del padre. Era, en fin, un tipo querido, de lavar y planchar, a quien acudir en busca de consejo o plata prestada.

Y entonces vino papi.

Papi es invento reciente, de los últimos 20 o 30 años. Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta o se le solicita, sino que se le notifica.

- Papi, me llevo el carro, dame para gasolina…

A papi lo sacan de todo. Le ordenan que se vaya a cine con mami cuando los niños tienen fiesta y que entren en silencio por la puerta de atrás. Tiene prohibido preguntar a la nena quién es ese tipo despeinado que desayuna descalzo en la cocina. A papi le quitan todo: la tarjeta de crédito, la ropa, el turno para ducharse, la rasuradora eléctrica, el computador, las llaves…

Lo tutean, pero siempre en plan de regaño: – Tú sí eres la embarrada, ¿no papi? – ¡Papi, no me vuelvas a llamar “chiquita” delante de Jonathan Aquel respeto que inspiraba padre, con papá se transformó en confiancita y se ha vuelto franco abuso con papi: – Oye, papi, me estás dejando acabar el whisky, marica…

No sé qué seguirá de papi hacia abajo. Supongo que la esclavitud o el destierro. Yo estoy aterrado porque, después de haber sido nieto de padre, hijo de papá y papi de hijos, mis nietas han empezado a llamarme “bebé”.

¡Escriba como los maestros!

Posted by Carlos Prieto On agosto - 25 - 2010

Por: Julio Cesar Londoño

Fuente: El Espectador

¿SE PUEDE ENSEÑAR A ESCRIBIR?

Por supuesto que sí, aunque los escritores se empeñen en hacernos creer que lo suyo es un don divino, una cualidad marciana, un misterio impenetrable, como la inteligencia, el mesmerismo o la telepatía. Cuando se los interroga, responden con gravedad: “Nadie entiende los arcanos de la escritura, y si alguien los entendiera no podrá enseñarlos, y si alguien lograra enseñarlos no será comprendido”.

Tampoco digo que sea una tarea fácil. No hay fórmulas que garanticen la calidad de un ensayo, digamos, pero sí podemos enseñarle al alumno la poética del género, darle una bibliografía básica, ponerlo en guardia contra los errores más comunes y, sobre todo, vacunarlo contra cuatro enemigos letales: el patetismo, el proselitismo, la vanidad y la ternura.

Con estas ideas en mente, he diseñado un taller de escritura creativa compuesto por las siguientes asignaturas:

Gramática básica: estudio de la naturaleza de las palabras, vistas de manera aislada (morfología), y la manera de enlazarlas en series lógicas (sintaxis), sin perder de vista que un idioma no es un sistema arbitrario de signos sino la manera como un pueblo siente la realidad y dialoga con su tradición.

Teoría literaria: definiciones de géneros, tropos, escuelas, tendencias y estructuras, en el lenguaje plano y elemental que las enciclopedias estilan.

La poética vuelve sobre los mismos asuntos de la teoría, pero lo hace con el lenguaje y la agudeza de los grandes maestros (v. gr. los “decálogos” de Poe, Quiroga, Bolaño, Monterroso, etc.). La teoría es una asignatura técnica mientras que la poética es una suerte de filosofía de la literatura; pero ambas, teoría y poética, son de carácter abstracto, general.

La crítica, en cambio, es concreta y particular: resulta de aplicar la teoría y la poética (+ filosofía + sociología + historia de la literatura + lo que usted guste) al análisis de una obra o un autor determinado, sin olvidar que el asunto es la literatura (no la filosofía, ni el psicoanálisis, ni la sociología) y que las conclusiones deben ponerse en lenguaje literario. O, para decirlo con las palabras de Harold Bloom: “En crítica, es válido analizar el estilo de Freud en clave de Shakespeare, pero no es válido leer a Shakespeare en clave de Freud”.

En el capítulo narrativa se estudiará el cuento, esa forma sintética y esencial cuyo protagonista es el argumento, y la novela, que es un género de personajes (o como dijo Philip K. Dick: el cuento trata del crimen, la novela del criminal). También nos ocuparemos aquí de la estructura del relato: manejo del espacio y del tiempo (que puede ser lineal u oscilante), la inserción de descripciones pertinentes y la construcción de personajes con relieve, es decir, “dotados de un ADN singular”, como quiere Roberto Rubiano.

El ensayo es el lenguaje del pensamiento, o “la mejor manera de sostener con gracia un punto de vista original”, según Jaime Alberto Vélez, y tiene tres partes: introducción, desarrollo y cierre. Estudiaremos por qué es éste el género de más importancia social, la conveniencia de investigar mucho pero desechar luego las 9/10 partes del acopio, y la razón de que la cualidad clave de un ensayista sea su capacidad de mantener un equilibrio exacto entre el rigor y la especulación.

La última asignatura a estudiar será el periodismo literario, ese poderoso invento de Gabo, Truman Capote y Gay Talese en los años cincuenta, ese híbrido que mezcla las estructuras, la claridad, el impacto y las vastas audiencias del periodismo con el poder de seducción de la poesía.

Los interesados en tomar estos contenidos pueden obtener más información en La Fundación Casa de la Lectura de Cali: Tels.: 5581818 y 3175385416

Noches de humo

Posted by Carlos Prieto On agosto - 25 - 2010

Por: Jose Obdulio Gaviria

Fuente: El Tiempo

De antemano se que el Dr. Jose Obdulio, genera enorme polarización con sus comentarios y columnas; pero, aquí en este blog, se trata de darle participación a todos. Escuchar denuncias, que sean coherentes y sensatas; como esta. Pocho

La preparación de la toma del Palacio de Justicia, los comportamientos de los sujetos que la protagonizaron y hasta las circunstancias dramáticas vividas dentro del Palacio están ampliamente documentadas. ¿Quién lo hizo? Los propios terroristas del M-19.

Clara Helena Enciso fue la guerrillera encargada de comunicaciones de la operación ‘Antonio Nariño por los Derechos del Hombre’ (así llamó el M-19 a su desvarío). Como ‘radista’ estuvo siempre al lado de Almarales, hasta cuando, derrotado, este le ordenó: “Mona, sal camuflada en el grupo de las rehenes que vamos a liberar. Tú eres la encargada de contarle al mundo lo que ha pasado aquí”.

Los guerrilleros coordinaron la reunión de Enciso con la periodista Olga Behar. De ahí salió Noches de humo (Cómo se planeó y ejecutó la toma del Palacio de Justicia), un libro que intenta ser apología del operativo, pero lo que logra es generar entre los lectores un fuerte sentimiento de horror y repulsión. Hay que abonarle, sí, que salvó para la memoria muchas de las intimidades del crimen.

El M-19 nunca mostró arrepentimiento. Al contrario, reivindicó su acción insensata como un heroísmo. Aún humeantes las ruinas del Palacio (11 de noviembre), se proclamaron como las víctimas y prometieron venganza: “La voz viva del presidente de la Corte, exigiendo al Gobierno el cese del fuego y el comienzo de conversaciones, permanece como acusación y condena eterna a quienes ordenaron y ejecutaron el holocausto total. Y en el altar de la patria se levanta la bandera de la democracia y la dignidad de hombres como el mismo doctor Reyes Echandía, y de todos nuestros combatientes (…)”.

Y el momento de la venganza les llegó. En el 2005 lograron reabrir el proceso, no contra los asaltantes, sino contra los defensores, las Fuerzas Armadas. El pretexto: los desaparecidos. Enciso le contó a Behar cómo prepararon concienzudamente la toma: infiltraron guerrilleros en varias dependencias; levantaron planos; enviaron, con toda clase de pretextos, a decenas de visitantes espías. No parece temerario sospechar, por ejemplo, que la joven abogada titulada de la Universidad Nacional, que aceptó contrato como cajera de la cafetería, pudo ser una quintacolumnista de los atacantes. Eso hay que investigarlo, porque un testigo -consta en el expediente- vio cómo una mujer joven, revólver en mano, hizo poner contra la pared a trabajadores y clientes de la cafetería. ¿Sería ella? Lo único que sabemos es que la joven desapareció para siempre en ese infierno artificial que creó la insensatez.

René Guarín es el hermano menor de Cristina -así se llamaba la jurista/cajera-. Él se ha propuesto como única razón de su vida humillar al coronel Plazas. Actúa como la encarnación de la vindicta. ¡Que condenaron al coronel a 30 años! Él pide 60, o cadena perpetua, o pena de muerte. ¡Que al coronel lo internaban en una clínica o lo mantienen en un cantón militar! ¡Imposible! ¡Tiene que ir a La Picota!

La periodista Claudia Morales, de RCN Radio, le puso el ojo al Catón Guarín, al ángel exterminador. ¿Saben qué encontró? Que es un secuestrador, capturado en flagrancia y portando armas que arrebataron a un policía asesinado. ¿Saben cuánta cárcel pagó por semejante crimen? 6 meses. Guarín nunca anunció, como representante de las víctimas del M-19, que él era miembro principal del M-19, amnistiado junto con toda la cúpula. ¿Habrase visto en la historia judicial un cinismo igual?

El principal representante de las víctimas del Palacio de Justicia era un miembro destacado del grupo victimario; apologista de la acción terrorista de su organización y que reivindica como válido el derecho a levantarse en armas contra una democracia. Síganle la pista a Guarín y verán lo parecido que es, cuando habla, a Almarales. Y ese es el testigo estrella contra el coronel Plazas. No sé. Conocido ese engaño, sería lógico revisar ese juicio al 100 por ciento.

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