Por: Adriana La Rotta
Fuente: El Tiempo
Fue mi padre un fumador compulsivo, hasta el mismo día en que un preinfarto le hizo despertar a esa realidad que nunca quiso admitir: El cigarrillo lo estaba matando. Bueno…no solo el cigarrillo; también el licor y los excesos alimenticios. Pero se trata de hablar del cigarrillo, de ese asesino silencioso que se filtra en nuestras casas y que es admitido por nuestra sociedad; ya que obviamente no es ilegal portar una cajetilla de cigarros. Para aquellos que despreciamos este vicio; no habrá peor escenario que ver una mujer fumando, mostrando una actitud desafiante y sobradora con un asesino entre sus dedos. Lo peor, será acercarse y percibir ese detestable olor a tabaco en esa siempre bella mujer. A mis amigos que fuman, les he manifiestado una y mil veces la envidia que me causa su estilo de vida; ya que mi nivel no ha llegado a ese status tan privilegiado, de darme el gusto de quemar el dinero. Pocho
HONG KONG. El salto de China de la mula al jet -o será más bien del yak al cohete espacial- ha traído muchos cambios, no todos positivos. Uno de ellos es que las mujeres han comenzado a fumar masivamente. La culpa, sin embargo, no es del desarrollo ni de la modernidad, sino de las compañías tabacaleras, que han convertido a la población femenina en su nuevo objetivo de mercadeo, porque es ahí en donde está la oportunidad.
Una tercera parte de los adultos fumadores del mundo son chinos y de ellos la aplastante mayoría son hombres, con lo cual la matemática es simple: si se quiere que aumenten las ventas hay que atraer a las mujeres, y eso es exactamente lo que está haciendo la industria del tabaco. La forma como lo hace también es elemental, o sea apelando a conceptos frente a los cuales las mujeres somos vulnerables, como la independencia, el atractivo sexual, la delgadez y el glamour.
Cuando uno es fumador reformado, como yo, sabe que fumar no proporciona ninguno de esos atributos, pero lamentablemente la población femenina de China, que atraviesa por una especie de despertar adolescente, se está creyendo el cuento.
A comienzos de esta década, apenas el tres por ciento de los fumadores de China eran mujeres, pero, según cálculos del Ministerio de Salud, en los próximos años esa proporción llegará al 15 por ciento.
En muchos otros países, las grandes multinacionales del humo son las responsables de que más consumidores caigan en la trampa mortal del cigarrillo, pero en este caso el asunto es mucho más profundo. Los impuestos al tabaco son una importante fuente de ingresos nacionales, y en algunas provincias chinas representan hasta la mitad de la economía.
Los defensores de desestimular el consumo por la vía de aumentar los impuestos creen que es una solución ideal, porque coarta a los fumadores sin afectar las arcas oficiales. En este, como en tantos otros temas, sin embargo, el gobierno chino no está convencido de seguir el ejemplo de Occidente, en donde efectivamente la presión sobre el precio ha impactado las ventas.
Que las mujeres les estén haciendo la competencia fumando a los hombres no es un problema exclusivo de la China. En Bangladesh, India, Indonesia, Pakistán, las Filipinas, Tailandia y Vietnam, naciones asiáticas en donde las tasas de consumidores de tabaco también son altísimas, la industria está enfilando sus baterías a la masa de mujeres ansiosas por sacudirse la opresión a la que históricamente han estado sometidas.
Que fumar le da a uno independencia es una idea absurda que, inexplicablemente, se ha abierto paso en las mentes femeninas. Como lo dijo hace poco Douglas Bettcher, director de la Iniciativa contra el Tabaco, de la Organización Mundial de la Salud, “estamos frente a un futuro en el que las mujeres van a adquirir una perversa forma de igualdad, porque serán tan susceptibles de morir por fumar o mascar tabaco como los hombres”.
La perversión puede llegar a límites inimaginables. En Bangladesh, por ejemplo, hay avisos que sugieren que las madres que usan tabaco en cualquiera de sus formas dan a luz bebés de bajo peso, por lo que el hábito ayuda a que el alumbramiento sea más práctico y menos doloroso.
En países más desarrollados de la región, las estrategias son más sutiles, como apelar a cigarrillos aromatizados y de colores, o incluir en el empaque expresiones como light, una de esas palabras a las que las mujeres no nos podemos resistir.
El tema del tabaco es polémico, entre otras cosas porque representa el medio de subsistencia de por lo menos cuatro millones de agricultores de Asia. Pero, en el caso de China, a medida que el país desarrolla su economía, otras industrias deben empezar a ocupar el espacio que hoy tienen las tabacaleras. O es eso, o es enfrentar una epidemia de tabaquismo como todavía no se ha visto.
