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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Peter Watson

Posted by Carlos Prieto On mayo - 16 - 2010

Autor de ‘Ideas, historia intelectual de la humanidad’

Por: Doris Obemair y Alfons Cornella

Fuente: www.infonomia.com

¿Os habéis preguntado alguna vez de dónde proviene la idea del alma, o de la vida después de la muerte, o del tiempo, o de Dios? ¿Qué es el yo y cuándo se habló por primera vez del inconsciente? ¿Y qué es una idea, en definitiva? ¿Qué ideas nos han hecho lo que somos hoy en día? ¿Qué fuerzas, qué caras se esconden tras las ideas, y cómo se relacionan? ¿Los experimentos son una idea? ¿Y Europa? ¿Y producimos tantas ideas realmente revolucionarias como hace 150 años?

Las respuestas a todas estas preguntas, si existen, las podréis encontrar en un libro maravilloso titulado IdeasHistoria intelectual de la humanidad, escrito por Peter Watson, el gran historiador e intelectual británico, autor también de The modern mind y coautor de The Medici conspiracy. En Ideas describe la historia del pensamiento y los descubrimientos, remontándose a dos millones de años atrás, en la Prehistoria, y viajando hasta el presente. Hasta el momento, el libro se ha traducido a 17 idiomas, incluidos el coreano y el chino, y ha vendido más de 300.000 ejemplares en todo el mundo.

Peter Watson ha expresado repetidamente una visión crítica de los tiempos que corren y de su significado en cuanto a la innovación y las ideas. Hace tres años escribió en el periódico británico The Guardian: «El año 2005 no puede competir con 1905 en términos de innovaciones importantes. El anuncio de la semana pasada de que científicos británicos y coreanos habían clonado con éxito embriones humanos no hace sino reforzar este punto [...]. Nos congratulamos por vivir en una época interesante, pero ¿no es éste un ejemplo más de la ceguera particular que nuestra era solipsista tiene sobre sí misma, una forma más grave de la enfermedad por la cual la princesa Diana puede ser cualificada como la británica más importante (¿o era la segunda más importante?) de todos los tiempos?».

Entrevistamos a Peter Watson en Londres, donde nos habló de su libroIdeas, de la correlación entre la liquidez de efectivo y el nihilismo, de por qué el arte murió con Andy Warhol, del problema de tener 500amigos on line y de por qué opina que podríamos haber llegado a un punto sin retorno en la naturaleza humana si no dejamos de creer ciegamente en la ciencia.

Doris Obermair (DO): ¿Por qué resulta tan fascinante la historia de las ideas?

Si pensamos, por ejemplo, en la relatividad, nos viene Einstein a la cabeza; si pensamos en el inconsciente, entonces aparece Freud. En su época, a mucha gente se le ocurrían ideas similares. A finales del siglo XIX, en los países germanófonos todo el mundo tenía la palabrainconsciente en la boca. Lo mismo pasó con Mendel y su descubrimiento de los genes en las décadas de 1830 y 1840; había otras personas en esa misma época con ideas similares, dándoles nombres diferentes. Pero todos confluían en las mismas ideas. ¡Eso es lo que me fascina! Mi manera de enfocarlo es tomar distancia y ver cómo se forman las ideas y cómo se conectan.

«En vez de aprender en la escuela, por ejemplo, la teoría de la relatividad, o la electricidad, se nos debería enseñar todo eso tal y como dieron con ello sus descubridores, con toda esa rivalidad, los callejones sin salida… Si lo hiciéramos así, sería mucho más interesante; no tendríamos únicamente un conocimiento abstracto de la electricidad, sino que sabríamos cómo se le ocurrió a alguien por primera vez la idea de la electricidad»

DO: Ese enfoque podría cambiar la manera en que pensamos sobre la ciencia y los descubrimientos.

En vez de aprender en la escuela, por ejemplo, la teoría de la relatividad, o la electricidad, o lo que es un ohmio, se nos debería enseñar todo eso tal y cómo dieron con ello sus descubridores, con toda esa rivalidad, los callejones sin salida… Si lo hiciéramos así, sería mucho más interesante; no tendríamos únicamente un conocimiento abstracto de la electricidad, sino que sabríamos cómo se le ocurrió a alguien por primera vez la idea de la electricidad. En química orgánica, por ejemplo, están todas esas historias asombrosas sobre cómo al alemán Kekulé se le ocurrían en sueños ideas sobre el anillo de benceno. Mucha gente dijo que se lo había inventado para establecer sus prioridades, pero todo eso forma parte de la historia.

DO: Hoy en día, estamos convencidos de que vivimos en tiempos revolucionarios, en un mundo que cambia a toda velocidad. Pero usted disiente.

No estoy tan seguro de que el mundo esté cambiando rápidamente. De hecho, creo que estamos viviendo en un período de consolidación. Los coches son básicamente iguales que hace 50 o 60 años. El teléfono, igual; el avión, también. De acuerdo, tenemos Internet. Sí, tenemos la píldora. Y son cosas revolucionarias. Supongo que lo más nuevo que tenemos actualmente es que estamos viviendo en una época de paz. En Europa, una generación ha crecido desde la guerra, mientras que la generación de sus padres tuvo que vivir dos guerras. Eso es no un invento, pero sí que es un cambio. Aún así, no cabe duda de que hace 100 años, con todo lo que estaba sucediendo en la física y las artes, los cambios eran increíblemente más nuevos, más revolucionarios que lo que vemos ahora a nuestro alrededor. No paramos de repetirnos la cantidad de cambios que vivimos, pero creo que detrás de esa afirmación se esconden una gran cantidad de intereses comerciales creados para que acabemos adquiriendo los últimos productos del mercado.

Alfons Cornella (AC): ¿Estamos viviendo en un tiempo relativamente pacífico porque al mundo financiero le interesa mantener la estabilidad?

Está claro que el siglo XX fue el siglo del capital; después de la Segunda Guerra Mundial y la descolonización, se vivió un aumento constante de la liquidez. Circula mucho más efectivo, y es más accesible a mucha más gente: eso lo ha cambiado todo y ha alimentado el tipo de mundo del que hablábamos ahora: sin cambios. Todos esos teléfonos diferentes, que en el fondo no son nada distintos, toda esa oferta de miles de canales de televisión, que de hecho se reducen a cinco: deportes, política, noticias, pornografía y ficción… ¡Todo es exactamente lo mismo! Una de las consecuencias que esta situación genera es el incremento de los precios del arte. Ahora, en teoría, no debería haber mercado para el arte, porque ¡lo que se está haciendo es terrible! El arte murió aproximadamente con Andy Warhol, a mi parecer. Y el mercado del arte es con toda probabilidad el más nihilista del mundo, donde el significado de arte equivale simplemente a novedad. El arte no tiene significado más allá de ser nuevo. Y a causa del incremento de la liquidez, los precios suben, y se ha convencido a la gente de que una vez que te has comprado tu isla privada, tu yate o tu jet privado, entonces debes comprar arte, porque si su novedad es su único significado, su segunda razón de ser, no muy lejos de la primera, es su precio. Para resumir, en esta época poscapitalista, estamos contemplando el incremento de la liquidez, una cosa impensable en el siglo XIX.

DO: Así, si los últimos 50 años no han producido ningún tipo de auténtica innovación radical, ¿qué podemos esperar del futuro?

En primer lugar, opino que los principales avances se deben al descubrimiento de nuevas formas de energía. Si la energía solar y los biocombustibles realmente se consolidan y funcionan, entonces tendrá lugar un nuevo período de innovación con todo tipo de nuevos productos.

«No estoy tan seguro de que el mundo esté cambiando rápidamente. De hecho, creo que estamos viviendo en un período de consolidación»

En segundo lugar, no es relevante si vivimos o no en una épocainteresante. Vivimos en la época en la que vivimos. Lo que ha ocurrido en los últimos 20 años es evidentemente que el socialismo se desplomó, y dejó el capitalismo como única filosofía global. Las sociedades avanzan por la dialéctica, como dijo Hegel, con el debate. ¿Y dónde está ese debate ahora? Me da la impresión de que nos estamos olvidando de los pobres. La mayoría de la gente, al menos en mi país, está demasiado ocupada intentando pasárselo bien. Sí, damos dinero a beneficencia y tenemos un sistema fiscal progresivo, pero la gente ya no participa en organizaciones caritativas. Parece que estamos dando la espalda a las preocupaciones sociales de siempre. Y ése es otro aspecto nihilista del mundo en el que vivimos. Creo que la consecuencia será una vuelta a la religión. ¿Cómo se puede explicar una sociedad con toda esta liquidez? Tenemos consumo de drogas, abusos infantiles, matanzas en institutos… Esas personas no son necesariamente lectores de Freud o Nietzsche, pero es evidente que están viviendo, sin saberlo -o quizás se den cuenta, pero no puedan darle un nombre- en un mundo nihilista donde, en el fondo, nada tiene sentido. Y ése es el auténtico problema, creo.

AC: ¿Cuanto más ricos, menos sentido?

Desde que la fe fracasó para mucha gente, ha habido dos maneras de sustituirla. La primera, la educación; conseguir ser más de lo que uno era para poder entender el mundo de ese modo. La segunda, cuidar de otro ser humano para así obtener satisfacción. Me da la impresión de que la preponderancia del capitalismo, así como la de la liquidez, ha arrollado completamente esos valores. Como dijo Max Weber, si eres religioso, los valores provienen de Dios o de lo que uno se imagine que Dios es. Si no eres religioso, tienes que establecer tus valores por ti mismo, y en muchos casos el egoísmo toma las riendas. En muchos países occidentales se da un individualismo desenfrenado. Y, en un principio, esa opción parece ser de lo más divertida, pero luego uno descubre que está vacía de significado.

AC: La otra gran paradoja contemporánea es que todo el mundo parece estar conectado a todo el mundo, pero cada vez más y más gente se siente sola.

El principal problema es la capacidad para intimar. Le pondré un ejemplo. Si usted va a Estados Unidos, en el momento en que le presentan a alguien, esa persona le llamará Alfons, y, como europeo, pensará que está siendo muy amistoso. Pero, en realidad, es justo lo contrario. Los estadounidenses usan el nombre de pila porque hay muchos Alfons, pero muchos menos Cornella. Así que en Estados Unidos, un día te llaman por el nombre de pila y al siguiente ni recuerdan quién eres. Para ellos, intimar es algo distinto, y todo se reduce a lo que comentábamos antes, lo de aprender las asignaturas de forma histórica. El yo es una persona con historia. El yo es alguien con pasado, con una serie de éxitos y fracasos. Y entre esos éxitos y fracasos hay relaciones exitosas y fracasadas que nos hacen lo que finalmente somos. En contraste, existen esas ridiculeces como salas de chat o amistades de Internet, en las que la gente tiene 60 o 100 amigos. Incluso con Internet, las amistades te las tienes que ganar, y tienes que aprender a crear esa intimidad.

DO: Su libro dedica muchas páginas al papel de lo laico, pero al mismo tiempo predice un retorno a la religión.

Soy laicista, tanto que diría que el gran error de George W. Bush, y el de Occidente, en relación a su comportamiento en Oriente Medio, es que no deberían estar intentando extender la democracia. ¡Deberíamos intentar extender el laicismo! ¿Y por qué? Porque la prosperidad de la que todos disfrutamos no proviene de la democracia, que es un concepto muy nuevo, sino del laicismo. La separación de poderes entre Iglesia y Estado, así como el gran crecimiento de la ciencia, fuente de la prosperidad que hoy poseemos, proviene de ahí.

«El arte murió aproximadamente con Andy Warhol, a mi parecer. Y el mercado del arte es con toda probabilidad el más nihilista del mundo, donde el significado de arte equivale simplemente a novedad. El arte no tiene significado más allá de ser nuevo»

Lo peor que podía hacer Bush era invadir el país más laico de Oriente Medio. Establecer una democracia que ayudaba a la gente a votar a los clérigos, como ha pasado en Irak, Palestina o Pakistán recientemente, es un paso retrógrado, un punto decisivo. Creo que un segmento creciente de la población -y ahí es donde se junta todo- conoce el poder de la ciencia, pero como dijo Marx «La ciencia no puede proveer el consuelo que la gente necesita». Y cada vez más la gente va en busca de consuelo.

Otra manera de verlo es que enseñar la ciencia con este método histórico al que nos referíamos puede hacerla más humana, puede humanizar a los científicos. Debemos saber, por ejemplo, que los geólogos británicos y franceses que a finales del siglo XVIII y principios del XIX establecieron la edad de la Tierra, en contradicción directa con el Génesis, eran todos hombres de fe, ¡algunos incluso eran sacerdotes! Se dieron cuenta de que estaban contradiciendo el Génesis, pero eso no hizo que su fe flaquease. El Génesis sólo era un libro que contenía errores, y siguieron conservando la fe.

AC: En su opinión, una de las tres ideas más interesantes es Europa. Me sorprende, porque parece ser que Europa está en horas bajas, ¿no cree?

¿Cuál es el edificio más bello del mundo? Podría responder que el Taj Mahal. Pero si va a Agra, verá que el Taj Mahal está rodeado de arquitectura de chabolas, precaria, nada de interés. Sólo en Europa puede encontrar lugares como Toledo, Cambridge, San Gimignano, Heidelberg, los pueblos de Cotswold, Venecia… Ahí está la arquitectura comunal, ciudades enteras de una belleza tal que todo el mundo quiere vivir en ellas. El logro más exquisito de Europa es el entorno construido; creo que Europa puede ser considerada como el logro colectivo más admirable de la historia. No deberíamos menospreciarnos en absoluto. Es cierto que en Estados Unidos se percibe más energía entre la gente, pero la razón en buena parte es que ahí mucha gente trabaja por debajo del salario mínimo. Y sí, también es cierto que India y China tienen un gran futuro económico por delante, pero no hasta que empecemos a ver grandes avances científicos.

AC: En lo que se refiere al futuro de las ciudades, ¿veremos el renacimiento de las ciudades-estado?

Creo que, para la mayoría de la gente, las ciudades son lugares más emocionantes que el campo. Ése no siempre es el motivo por el que la gente se muda a las ciudades, pero sí que es la causa de que no se muevan de ahí. El problema, que supongo que suele suceder más en las ciudades, es intimar. ¿Se puede intimar en una ciudad? Creo que si menospreciamos la posibilidad de intimar estamos pasando por alto algo muy importante. A finales del siglo XIX, el auge de los cafés en las ciudades europeas fue un factor muy importante para compartir el día a día.

Otra cuestión interesante es si es más satisfactorio, más divertido, vivir en un país pequeño que en uno grande. ¿Es posible que los habitantes de Dinamarca, Suecia o Suiza sean más felices que los de Francia, Estados Unidos o Canadá? No estoy seguro de la respuesta a esa pregunta, pero es un tema interesante. Está bastante claro que los países pequeños parecen ser más pacíficos. Eso no significa que declaren menos guerras, sino que reclaman más paz, la población parece estar más cómoda. Así pues, el tamaño sí importa, aunque no sea de forma directa.

AC: La mayor parte de la economía se da en las ciudades; México DF tiene una economía mayor que la de Tailandia.

Tiene toda la razón. Pero miremos Reino Unido, por un lado, y Alemania, Estados Unidos y, quizá, España, por otro lado. Reino Unido tiene a Londres, que es un gran logro, pero que deja sin vida al resto del país, al menos en lo que se refiere a la vida intelectual. Reino Unido casi parece una ciudad-estado.

«Los principales avances se deben al descubrimiento de nuevas formas de energía. Si la energía solar y los biocombustibles realmente se consolidan y funcionan, entonces se producirá un nuevo período de innovación con todo tipo de nuevos productos»

Un ejemplo concreto: Alemania tiene seis o siete grandes ciudades. Hamburgo, por ejemplo, es de un tamaño similar a Birmingham, algo por debajo de los dos millones de habitantes. Hamburgo tiene 30 teatros y cuatro orquestas, mientras que Birmingham tiene tres teatros y una orquesta. Ésa es una gran diferencia cultural. Estados Unidos tiene Nueva York, Chicago, San Francisco, Los Ángeles… Las ciudades forman la economía; la economía surge alrededor de las ellas, y creo que es provechoso que diferentes ciudades compitan dentro de un mismo país. La rivalidad entre el Barcelona y el Real Madrid como símbolo de la lucha entre Madrid y Barcelona es probablemente un factor positivo que no tenemos en Reino Unido, donde Londres no tiene rival.

AC: En los próximos años sabremos las cosas más rápido, tendremos herramientas mejores para comprender el mundo. ¿Dónde está el límite?

No cabe duda de que cada vez se dan más y más descubrimientos científicos, pero al mismo tiempo se muere tanta gente de cáncer como siempre. Si habla con los médicos, tendrá los dos puntos de vista: que no estamos progresando en absoluto, o que avanzamos casi a diario. Y sospecho que las dos opiniones son ciertas. Si miramos el Big Bang del universo, por ejemplo. Representó un gran avance en los años 1928 y 1929, pero la llegada del ordenador cuántico todavía no se ha producido, y hace tiempo que está por llegar. ¿Comprendemos la antimateria? El otro día le decía a un miembro de la Royal Society: «¿Sabes? Me cuesta mucho entender el concepto de las 11 dimensiones», el de la teoría String. Y él me respondió, sonriendo: «Yo puedo calcularlo, ¡pero tampoco lo entiendo!».

¿Qué significa que un matemático de primer orden sea capaz de calcular algo así, pero que siga sin comprenderlo? ¿Se llegará a considerar alguna vez que la filosofía y las matemáticas son lo mismo? ¿Tiene implicaciones filosóficas el hecho de que la comprensión de la realidad física requiera previamente de una comprensión avanzada de las matemáticas? ¿Es cierto que sólo la gente que entiende las matemáticas cuánticas puede comprender el mundo tal y como es? ¿Qué implicaría eso para la filosofía? No tengo respuestas.

Creo que el lenguaje es importante. Si observamos la historia de la ciencia, por ejemplo la biología de las décadas de 1830 o 1840, o la química orgánica de las décadas de 1860 y 1870, ambas aparecieron de la mano de un lenguaje nuevo. La psicología, en cambio, usa el lenguaje de la revolución precientífica. Todavía emplea palabras comopersonalidadcarácter. Me parece que algunos científicos están siendo rompedores con el lenguaje, y sólo entonces podrán progresar. Pero, ¿estamos avanzando en la comprensión de la conciencia? ¡No sé ni si sabemos cómo hablar de ella!

AC: Denoto un gran escepticismo respecto a nuevos descubrimientos, ¿o me equivoco?

Creo que presumimos mucho de la ciencia, y que deberíamos ser un poco más escépticos al respecto. La opinión de aquellas personas que intentan conservar una visión de conjunto debería tener tanto peso como la de los científicos. Un buen ejemplo: hace dos o tres años, el filósofo alemán Jürgen Habermas publicó un libro titulado El futuro de la naturaleza humana. En él habla del hecho de que muy pronto, además de la eugenesia negativa, también tendremos una eugenesia positiva. La negativa es, por ejemplo, cuando los padres deciden no tener un hijo con fibrosis quística. Nadie se opondría a eso. La positiva es escoger un gen para tocar música, un gen de una inteligencia superior, un gen para ser un esquiador brillante. Habermas se pregunta: «¿Cómo afectará eso a nuestra comprensión de la naturaleza humana? ¿Cómo afectará a las relaciones intergeneracionales que los niños hayan sido escogidos por sus padres a causa de una cualidad en particular? ¿Cambiará eso la diferencia entre algo que se fabrica y algo que se cultiva? ¿Y acaso un crecimiento natural no forma parte del concepto de persona?». Habermas llega a la conclusión de que estamos llegando a un punto en el que esta cuestión no será cosa de los científicos. Es una cuestión filosófica en la que todos debemos participar y posiblemente prohibir, ya que en esa dirección podríamos topar con el fin del progreso. No se permitirá que los científicos sigan por ese camino. Nos estamos acercando a un punto decisivo, y no creo que podamos dejar en manos de los médicos la creación de un mundo que nos podría llegar a cambiar. ¡Y posiblemente sin vuelta atrás! No hay más que mirar a China, donde siguen la política de un solo hijo. Todo el mundo ha elegido a los varones, por lo que ahora hay pueblos enteros en China donde no vive ninguna mujer. Ésa es una cuestión ética que ya se da en el presente, y ¿cómo reaccionamos ante ella?

AC: Los llamados gurús del management a menudo no dicen más que disparates. En mi opinión, no se dan nuevas ideas en el campo de la gestión. Aprender y comprender la historia de las ideas no parece ser lo suficientemente glamouroso…

Sí, y creo que el mundo de la empresa ha tomado por costumbre considerarse como un mundo aparte, pragmático, muy realista. La empresa y las ideas coinciden principalmente en la tecnología. La manera en que los negocios encajan -si es que encajan- es que la historia de la empresa moderna es la historia de la tecnología y la ciencia. El futuro de las nuevas ideas está en las nuevas formas de energía; ésa será la fuente de la mayoría de las nuevas ideas de negocio.

AC: En su libro habla de la polaridad entre los reyes y los sacerdotes. ¿Cuál sería la correspondencia actual de esa polaridad? ¿Los investigadores serían los sacerdotes?

La investigación es una forma de autoridad, cierto. Y posee fuerza en el sentido de que está considerada como una forma justa de autoridad. Por otro lado, es débil porque a menudo se ve muy anónima y distante, un poco alienante. Las tres formas de autoridad en el mundo están basadas en la política, la religión y la investigación. En mi próximo libro, que trata sobre el desarrollo de las ideas alemanas, hablo de la industria de la tintura con anilina de las décadas de 1860 y 1870: el carbón llevó al alquitrán de hulla, que a su vez llevó a los tintes y a los fármacos. Para los que se dedican a los negocios, resulta interesante estudiar esa trayectoria, que en gran parte es accidental. De ella se desprende el mensaje de que la ciencia a menudo es un accidente. La investigación, por lo tanto, no sólo es una técnica para descubrir cosas nuevas, sino que hoy en día es un tipo de autoridad. Y esa quizá es la vinculación más directa entre las ideas y la empresa.

AC: Si tuviese que escoger una persona de su libro Ideas, ¿quién sería la personalidad más relevante de la historia a su parecer?

¿Puedo escoger a dos? [risas]. Elegiría a Robert Grosseteste, obispo de Lincoln y canciller de la Universidad de Oxford en el siglo XII. Fue la persona que concibió la idea de la experimentación. Y también elegiría a Darwin, porque cambió el modo en que nos vemos a nosotros mismos.

AC: Pensaba que quizá diría Newton.

No, no creo que Newton cambiase nuestra manera de ver el mundo tanto como los dos que he mencionado.

DO: ¿Qué criterios aplicó para seleccionar las ideas que se incluyeron en su libro?

Con estos libros, suelo hacer primero un poco de lectura general, y luego identifico a tres especialistas de cada área. Voy a verlos y les pregunto cuáles son las ideas más importantes. Y ahí he podido ver esa coincidencia de la que hablábamos. En una semana entrevisté a tres premios Nobel de Economía, y les pregunté sobre la idea más importante en su campo en el siglo XX. Me podrían haber dado nueve ideas, ¡pero me dieron sólo cuatro! Coincidieron mucho. Así que tomo prestada la autoridad de los especialistas para elegir las ideas que luego saldrán en el libro.

«La prosperidad de la que todos disfrutamos no proviene de la democracia, que es un concepto reciente, sino del laicismo»

Recuerdo que uno de los revisores criticó el hecho de que hubiese escogido la guillotina como idea. Me argumentó que eso no era una idea, pero admitió haber seguido leyendo. La cuestión es que la guillotina se introdujo como una forma de castigo más igualitaria en la Francia prenapoleónica. Existían 250 tipos de ejecuciones, algunas de ellas muy, muy dolorosas y crueles. Así que usé la guillotina como una expresión de la idea de igualitarismo: había igualdad incluso en el castigo. Yo no pretendía decir exactamente que la guillotina fuese una idea, sino un reflejo, una manifestación de una idea, de manera que el igualitarismo pasa por la democracia, la revolución y la guillotina.

DO: ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Acabo de terminar un libro sobre ideas alemanas porque, de hecho, vivimos en un mundo construido a partir de ideas alemanas. Lo siguiente será otro libro titulado Great divide, que tratará de cómo el hombre primitivo se desarrolló en África y cómo llegó hasta Siberia hace entre 20.000 y 50.000 años, durante la era glacial. Después cruza hasta Alaska, porque encuentra tierra continua, y una vez allí, se acaba la era glacial, llega el agua y América queda aislada. El Nuevo Mundo queda aislado del Viejo Mundo. Mi libro empezará hace 15.000 años, y estudiará el desarrollo paralelo de la humanidad entre el Nuevo y el Viejo Mundo hasta 1492, para comprobar sus semejanzas y diferencias, y qué nos dice eso de los aspectos básicos de la naturaleza humana. Será muy interesante establecer esa comparación; nadie lo ha hecho hasta ahora.

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