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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Los intelectuales y el poder

Posted by pocho On mayo - 13 - 2010

Por: Bernardo Mayorga

Fuente: El Tiempo

Según Diógenes Laercio, en el año 387 a. de C. el aristocrático Platón, ya de 40 años, fue vendido como esclavo en la isla de Egina, aunque fue rescatado a tiempo por sus amigos ricos. Ese episodio en la vida del gran filósofo tuvo lugar como consecuencia de haber exasperado con sus consejos no solicitados a Dionisio I, el gran líder de Siracusa, ocupado como estaba desde hacía muchos años tratando de impedir que los cartagineses ocuparan la isla de Sicilia. “Tus razones saben a chochez”, le dijo el poderoso regente antes de entregarlo a un embajador para que lo vendiese, luego de haberle perdonado la vida.

Al regresar a Atenas funda la Academia, la primera universidad del mundo, e inicia la composición de sus grandes diálogos de ese periodo, entre ellos la ‘República’, en la cual expone sus ideas acerca de la organización ideal del Estado. La sociedad debe ser gobernada no por la violencia tiránica o la adulación democrática, sino por los técnicos del gobierno, que son los filósofos, asegura Platón.

Veinte años después de su primer viaje a la Magna Grecia, y habiendo muerto Dionisio I, Platón vuelve a Siracusa, al parecer por invitación de Dion, cuñado del difunto y el gran amor de su vida, a quien había conocido muy joven y sobre quien había ejercido gran influencia. Dion estaba muy interesado en que Platón aleccionara a su sobrino, Dionisio II el Joven, heredero del poder de su padre, con el propósito de que el nuevo gobernante se educara en las ideas de su maestro y pusiera en práctica las ideas de la República para asegurar la felicidad de sus gobernados. Pero resultó que Dionisio, siendo admirador de Platón, no quería sin embargo oír nada de geometría y le disgustaba el puritanismo del ateniense, así que resolvió desterrar a Dion y obligar al filósofo a permanecer recluido casi dos años en Siracusa antes de permitirle retornar a la gran ciudad.

Desde ese tiempo han sido muchos los intentos que han hecho los intelectuales de poner en práctica sus conocimientos desde el gobierno, y prácticamente siempre han fracasado. Tal vez la excepción podría ser el gran Marco Aurelio (121-180), el último de los grandes emperadores romanos. Pero su excelente administración no fue suficiente para asegurar el futuro del Imperio, y al nombrar como sucesor a su hijo, el nefasto y paranoico Cómodo, puso fin a la Pax Romana, luego de lo cual comenzaría la lenta decadencia de la primera superpotencia de la historia.

En nuestro tiempo podemos definir a un intelectual como una persona cuya principal actividad consiste fundamentalmente en pensar y en poner por escrito sus ideas, con la condición ‘sine qua non’ de que sus aportes sean publicados en libros y en revistas especializadas, a fin de que la comunidad disciplinaria correspondiente pueda analizarlos, criticarlos y reconocerlos. En esta era informática es relativamente fácil detectar la “intelectualidad” de un individuo dado, utilizando buscadores especializados como Google Scholar. En el caso de los candidatos a la presidencia de Colombia, por ejemplo, en ese buscador Antanas Mockus y Sergio Fajardo aparecen, cada uno, cerca de cien veces, seguidos por Santos y Petro, con una decena de entradas. Los demás apenas si figuran.

Sin mencionar el gran experimento intelectual colectivo y fracasado de la Unión Soviética en el siglo pasado, en tiempos recientes podemos citar a unos cuantos intelectuales que en diversos países han llegado a la cima del poder, y hasta ahora ninguno de ellos ha sido especialmente exitoso. No le fue nada bien en el Perú a Alejandro Toledo, quizás la persona más llena de títulos de calidad entre los muchos mandatarios que en el mundo han sido (un título de Economista de la Universidad de San Francisco, dos maestrías -en Economía y en Educación- de la Universidad de Stanford y un Ph. D. en Educación de ese mismo “gueto verde”, con una amplísima experiencia posterior como asesor en diversas organizaciones internacionales). En Alemania, la doctora en Física Angela Merkel, investigadora en química cuántica de la Academia de Ciencias de la RDA, ha tenido algunos éxitos parciales, pero no las ha tenido todas consigo.

El caso más dramático podría ser el de Barack Obama. Tal vez nunca en la historia del mundo un emperador había llegado al poder con un bagaje intelectual tan extraordinario. El Juris Doctor Magna Cum Laude de Harvard y brillante editor y presidente de la prestigiosísima Harvard Law Review, tuvo además desde su infancia la oportunidad de recorrer el planeta y examinarlo en vivo y en directo. Pero hasta ahora su gobierno al frente de la mayor superpotencia de la historia ha estado plagado de dificultades.

En Colombia nos enfrentamos ahora a la posibilidad, muy probable, de que el país sea gobernado durante los próximos cuatro años no por un intelectual, sino por una dupleta de ellos, cada uno con una impoluta hoja de vida y con exitosa experiencia de gobierno “en pequeño”. De cristalizar esa eventualidad, y como colombianos, lo único que podemos desear es que al final del periodo Platón tenga esta vez motivos para celebrar en grande con sus amigos de bienaventuranza en las Llanuras Eliseanas.

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