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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for 2009

Odio

Posted by Pocho On diciembre - 11 - 2009

Por: Ricardo Silva Romero

Fuente: El Tiempo

362. Hate

Los comentarios en Internet han reemplazado a las paredes de los baños: es una verdad de dominio público. Son manotazos, estallidos, escupitajos al aire: reacciones en caliente que no alivian a nadie. Pero son así. Y esos comentarios violentos que se suceden en las páginas de los medios colombianos, redactados por seres anónimos que exigen que les den la razón a punta de injurias (yo dejé de leerlos, hace rato, para no caer en la tentación de defenderme), son solo otra manifestación de un país gobernado por el miedo. Tomemos, como ejemplo, el caso del insensato estudiante Nicolás Castro. Que es, a todas luces, un hombre de 23 años común y corriente. Y que, tras escribir un alegato adolescente, en Facebook, para inspirar a un grupo autodenominado ‘Me comprometo a matar a Jerónimo Uribe’ (se refiere, claro, al hijo menor del Presidente), fue capturado, esposado y exhibido, como un cabecilla del terrorismo, por “instigar a delinquir”.

Un día se dejó llevar por el odio: eso fue. Se le subió a la cabeza ese poder cobarde que da Internet. Y, cuatro meses después, amaneció convertido en una advertencia: “Que nadie se meta con ningún hijo del Presidente”.

No, no “que nadie se meta con nadie”, no: está claro que si Castro hubiera sido uno de esos personajes que animan a los demás a matar a alguna senadora de la oposición, si hubiera amenazado de muerte a algún periodista crítico del Gobierno o hubiera sido aquel ministro que una vez invitó en público, impunemente, a “exterminar” a no sé qué delincuentes, su caso les habría tenido sin cuidado a las autoridades. Quiero decir que algo de fondo nos está diciendo esta captura. Que este caso insólito debe servirnos para sacar conclusiones.

Por supuesto, que hay cosas que no se pueden hacer cuando se vive en comunidad, que vivir en sociedad es el esfuerzo permanente de convertir el odio en compasión. Pero, también, que vivimos tiempos escalofriantes: de verdad, después de leer los testimonios de los que lo conocen, ¿alguien cree que Castro les dio alguna idea nueva a los 16 miembros del grupo virtual al que perteneció o que se pasaba los días organizando un atentado o que hacía parte de una peligrosa red de grupos terroristas? ¿No es más importante, en este punto, preguntarse de dónde viene tanto odio? ¿Por qué pierde alguien el sentido del humor de semejante manera? ¿Por qué una persona que solo ha podido votar una vez en su vida, que tendría que tener en mente algún futuro, termina detestando con todas sus fuerzas a alguien que no conoce?

Porque, como no le ve principio ni fin, le teme a este gobierno como a Dios. Porque eso es lo que pasa cuando el poder se concentra de esta manera durante tanto tiempo. Y porque después de siete años de pequeños escándalos, una montañita en la memoria colectiva, no es nada fácil sentir compasión por los hijos del Presidente: se puede lograr, claro, porque a la larga están igual de atrapados que nosotros en esta pesadilla, y a veces, de vez en cuando, la angustia los despertará en la noche (la frase es, sea lo que sea, “que nadie toque a ningún hijo de nadie”), pero estos dos son demasiado visibles, demasiado negociantes, demasiado astutos, demasiado prósperos para esta época hecha ruinas, tan mala para el resto, que ya debería haberse acabado. Y además, como si no bastara, los dos juegan el juego. En el comunicado que emitieron el 3 de diciembre, a través de la oficina de prensa de Casa de Nariño, aseguran que no le guardan rencor al señor Castro aun cuando repudian “el terrorismo” y “la instigación al homicidio”: es decir, aun cuando ellos mismos, de la mano de las autoridades, ya lo han declarado culpable.

El torpe señor Castro: su captura nos recuerda que, mientras más nos alejemos de la democracia, mientras más nos extraviemos en la lógica de la derecha, iremos perdiendo la cabeza por turnos. Y cada día caerá alguno de nosotros en la trampa del odio.
www.ricardosilvaromero.com

Un tamal

Posted by Pocho On diciembre - 11 - 2009

Por: Mauricio Silva

Fuente: Carrusel

361. Tamal

Soy de los que, aún en pijama, van al supermercado los domingos por la mañana a conseguir tamales. Casi todos me gustan: el tolimense, el boyacense y el santandereano, sin embargo, a fuerza de no encontrar tal variedad, me someto a los pocos que ofrecen el Éxito, Carulla o Carrefour, que casi siempre son los tolimenses.

De los tamales de supermercado, prefiero los pequeñitos, que vienen en bandeja de seis. No sé por qué razón, pero estos son más sabrosos que los grandes, precisamente por lo cual resulta mucho más fácil despachar dos o tres con chocolate y queso.

Cuando hay tiempo suficiente, busco unos tamales menos industriales, aun cuando en Bogotá sea difícil encontrar variedad. Hay unos muy sencillos en la zona de Galerías, sin tanta pretensión -sin uvas ni peras, ni manzanas, ni esas cosas-, no tan grandes y al precio justo: 3.600 pesos.

El lugar se llama Protamales y todos están elaborados bajo la receta clásica del Tolima grande: masa de arroz y harina de maíz, costilla de cerdo, tocino, presa de pollo, huevo y zanahoria. Y ya está.

El tamal -palabra que viene de la lengua maya náhuatl tamalli, que significa envuelto- es un plato de la América indígena, sencillo y gustoso, preparado generalmente con masa de maíz y envuelto en hojas de la misma planta o en las hojas del plátano.

Así, con el nombre de tamal, se conoce en España, Estados Unidos, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras y, claro, Colombia.

Los argentinos, chilenos, peruanos y ecuatorianos los llaman humitas. Los venezolanos, grandes consumidores, les dicen hallacas.

En República Dominicana se les llama pasteles. En Brasil, pamonha. En Puerto Rico, guanime, que es el tamal dulce con leche de coco y azúcar. Y en Nicaragua se les conoce como nacatamal.

Los reyes del tamal son los mexicanos y en realidad son otra cosa. Allá tienen nombres extraordinarios como zacahuil, corundas, pata de burro, chak chak wah, chanchamitos y juacané, entre otros.

El tamal me encanta porque, más allá de su sabor definitivo, es uno de los platos que a los americanos nos recuerda nuestra verdad indígena. Por eso, un sencillo tamal para una feliz Navidad. Y un feliz Año Nuevo.

Protamales: Calle 49 N° 24-25. Tel: 338 1148. Bogotá D.C.

Pobre Nicolás Castro

Posted by Pocho On diciembre - 9 - 2009

Por: Matador

Fuente: Matador Cartoons

360. Nicolás Castro

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