Tendremos que alquilar balcón, para la guerra mediática que se avecina entre Semana y La W. Estos son pesos pesados de la opinión colombiana y saldrán muchos “Trapitos al sol”. Manifiesto mi profunda admiración por estos dos personajes (Coronell y Gardeazábal). No se pierdan esta columna y esta entrevista. Carlos Prieto
El patriarca del ocaso
Por: Daniel Coronell
Fuente: Semana
Algunos visitantes acuden a Tuluá por el temor a las andanadas de Gardeazábal si no le tributan honores a este nuevo figurón de la radio
Pocas veces la impunidad social ha tenido un ejemplo tan completo. Gustavo Álvarez Gardeazábal, hasta hace un tiempo convicto dentro de la narco-política, determina hoy, desde un escuchado espacio radial de Caracol, qué está bien y qué está mal en Colombia. “Nunca he tenido tanto poder”, afirmó solazándose en una entrevista, henchido del temor que infunde la corneta ajena.
Y es que esa mezcla extraña de realidad y ficción le ha alcanzado para todo. Si el Invías se atreve a tocar las matas que separan su finca de la carretera, esa misma tarde Gardeazábal proclama con dolorido acento -y en cadena nacional- que el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, está atentando contra su seguridad.
Cualquier cosa que pase en su hacienda ‘El Porce’, o en Tuluá -en donde tiene sus intereses particulares- se convierte en información nacional.
Bajo su cálida protección radial han estado entre otros el senador Juan Carlos Martínez, hoy preso por la para-política; el secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, y el polémico empresario William Vélez, frecuente visitante de su finca.
‘El Porce’ se ha convertido en lugar de peregrinación política. Unos van a nutrirse de los consejos del “Gran Patriarca”, como lo llama ‘Juan Paz’, seudónimo que usa en el diario El Mundo, de Medellín, Humberto López, un señor tan sapo, pero tan sapo, que se sapea a sí mismo, y llega al humorístico extremo de reseñar bajo la firma de ‘Juan Paz’ lo que él hace como Humberto López. Por ejemplo, refiriéndose al cumpleaños de José Obdulio Gaviria, escribió “Por allá vieron a Augusto López Valencia, Humberto López, Jairo Osorio y más tarde llegó William Vélez Sierra, quien hizo destapar una botella de champaña”.
Otros visitantes, en cambio, acuden a Tuluá por el temor a las andanadas de Gardezábal si no le tributan honores a este nuevo figurón de la radio.
Todos ellos parecen haber olvidado el pasado del poderoso comentarista.
Hace unos años, Gardeazábal definía la influencia del narcotráfico en Colombia como una “revolución incompleta” -comparable a la Revolución Francesa, hágame el favor- que regaba sus beneficios en el país y que tarde o temprano se consolidaría con el ascenso al poder de un ‘Napoleón’. Ya se sentía en inatajable galope hacia el arco del triunfo, cuando la justicia se le atravesó porque su aproximación con el narcotráfico no se quedó en lo platónico.
Gracias al fiscal de la época, Alfonso Gómez Méndez, y a la Corte Suprema de Justicia, fue condenado a seis años y medio de prisión por enriquecimiento ilícito con dineros del cartel de Cali.
La explicación que dio entonces Gardeazábal -y sigue dando ahora- es que se trató de una persecución política porque lo único que realmente hizo fue vender una escultura.
La parte de la historia que ha omitido todos estos años es que la escultura que dice haber vendido era distinta a la que encontraron en la casa del capo Miguel Rodríguez Orejuela. Gardeazábal la recordaba como una pieza pequeña con la figura de una bailarina; en contraste, la encontrada medía dos metros y representaba a un niño que jugaba con el mundo.
Casualmente, unos meses después, el autor de la escultura apareció ante la Fiscalía diciendo que alguien lo había amenazado de muerte para que declarara que su obra era realmente como Gardeazábal la había descrito en el proceso. Tres testigos, citados por el acusado, ya estaban muertos.
En el libro El hijo del ajedrecista, Fernando Rodríguez Mondragón asegura que Gardeazábal oficiaba de escribano del cartel de Cali y recibía plata de su padre, Gilberto, y de su tío Miguel.
El amnésico Gardeazábal, todo de blanco hasta los pies vestido, o “con traje de palomo”, como lo retrató Mario Fernando Prado -otro de sus corifeos, muy recordado por ‘HH’- atendió decenas de invitados en su cumpleaños.
Entre otros, recibieron su desinteresado consejo el gobernador del Valle, Juan Carlos Abadía; el de Nariño, Antonio Navarro Wolf, y los precandidatos conservadores Andrés Felipe Arias y Noemí Sanín, quienes puntualmente acudieron al besamanos.
Como sea, no deja de ser admirable que un personaje con semejante pasado disfrute de tantas venias sin haber sufrido, hasta ahora, el menor RASGUÑO.
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¿A que va medio país a visitarlo a su casa de Tuluá?
Por: María Isabel Rueda
Fuente: El Tiempo
¿Por qué se llama a sí mismo Gardeazábal?
Porque desde muy niño, cuando empecé a escribir, el segundo apellido siempre sonó más que el primero. Entonces me quedé Gardeazábal. Incluso tengo la anécdota de cuando Marta Bossio quiso llevar uno de mis libros a la televisión. En esa época llamaba a mi casa y cuando contestaba mi padre, le decía: Señor Álvarez, páseme a Gardeazábal.
¿Es un mito, o es una realidad, que medio país pasa por su hacienda El Porce en Tuluá todas las semanas y que usted lleva por eso una vida social muy intensa con una amplia gama de colombianos?
Puede ser las dos cosas, porque en Colombia los mitos y las realidades se confunden. Yo soy un amable consejero de todo aquel que lo necesite. Y lo recibo en mi casa donde ofrezco ‘diablas’ con mucho gusto y además muy sabrosas.
¿Y qué tipo de consejos da?
De todo tipo. Porque a mí me visitan desde políticos, a mirar censos electorales, hasta empresarios, para mirar balances. Me visitan señoras con problemas sentimentales, y me visitan amigos perdidos, o pobres, o ricos. A todos les doy el consejo que necesitan.
Se le olvidaron en la lista los militares que lo visitan… Por allá pasan muchos generales.
Sí, también pasan coroneles y generales a revisar el manejo del país y trato de ayudarles a sacarlo del atolladero.
¿Y a los militares, qué tipo de consejos les da?
Los más apegados a la norma de la realidad. El gran problema del Ejército y la Policía de Colombia, es que viven por fuera de la realidad.
Daniel Coronell dice en su columna de Semana de este domingo que el suyo es un escandaloso caso de impunidad social.
Son las calumnias que produce el delito del éxito.
¿Pero por su casa desfilaban todas esas personas antes de que fuera el hombre de La Luciérnaga, o solo ahora, que se ha vuelto una persona tan poderosa por estar en ese programa?
Yo he ejercido ese poder durante muchos años, en muchas profesiones. Pero aumentó en La Luciérnaga. Que es un ejercicio de poder mucho, pero muchísimo más grande que haber sido alcalde dos veces o gobernador con más de 200 mil votos.
¿No será que, como dice Coronell, más que para pedirle consejo, la gente lo visita es por miedo a sus andanadas en La Luciérnaga?
Le tienen más miedo a él por sus odios para mirar con éxito la política colombiana.
Que estuvieran allí por miedo o no, pues me impresionaron las fotos de su fiesta de cumpleaños. Por allí pasó la candidata Noemí Sanín. Pasó también uribito, y lo curioso es que si no es en su fiesta, no se juntan esos dos ni pagados. Por ahí también pasó el empresario de moda en este Gobierno, William Velez, de quien me dicen que es íntimo suyo. También el secretario jurídico de la presidencia, Bernardo Moreno. Cuénteme un poquito de esa fiesta…
Pues a ella no invité sino a las personas que a lo largo del año pasan por mi casa. Y con los cuales mantengo una relación. Para el día del cumpleaños hago una selección de los 200 amigos que puedo atender, porque el local no me da para más. El año entrante está invitada, porque celebraré los 65 años.
¿Siempre se viste todo de blanco, como en su fiesta de cumpleaños?
Habitualmente visto de blanco, desde cuando no volví a salir de Tuluá. Solo voy a Cartagena. Y la ropa blanca me gusta muchísimo. Me veo bien vestido de blanco.
¿Es cierto que usted no puede venir a Bogotá?
Tengo una deformación de la aorta para la cual todavía no hay cirugía posible. Cuando subo al cable de Cali me da mareo, y si voy a Bogotá, me muero.
Lo que es curioso es que sin salir de Tuluá, transmitiendo desde allá, donde la emisora le puso un transmisor, usted sepa todo lo que pasa en Colombia. Es uno de los hombres más informados del país…
A lo largo de mi vida establecí muchas relaciones, dictando conferencias, cuando fui profesor universitario, cuando fui político, cuando fui mandatario. Y he tenido la habilidad de conservar esas amistades. A través de ellas he construido una red de información que muy pocas personas pueden tener en este país. Fuera de eso me leo todos los periódicos de toda Colombia desde las cinco de la mañana que empiezo a trabajar. Y trato de oír el mayor número de emisoras y de ver el mayor número de noticieros de televisión. Después empiezo a llamar a muchísimas personas a confirmar las noticias que voy a dar. Por eso no solo estoy bien informado sino que trato de datearme bien, para no equivocarme.
¿Qué diferencia hay entre estar bien informado y bien dateado?
En este país el chisme abunda y la gente lo deforma y nadie pone cedazo. Todo el mundo cree que por haber recibido un chisme está bien informado. Hay que estar es bien dateado.
El mismo Hernán Pelaez me confiesa que lo sorprende su grado de información. Que usted lo desde las cinco de la mañana está contándole noticias de Colombia y del mundo que ni siquiera la emisora sabe todavía…
Pues porque me las van contando, o porque como digo yo, me las adivino, y llamo a preguntar. Y cuando pregunto, el susto de las personas ya se lo imaginará.
O sea que lo de la red de informantes que usted tiene tampoco es un mito sino una realidad.
Es una realidad. Volvemos a lo mismo: es una realidad que se vuelve mito.
Volviendo a su fiesta de cumpleaños, con esa mezcla de invitados, pues hay una apuesta sobre su militancia política. ¿Usted es conservador? ¿Liberal? ¿Uribista? Porque me dicen que usted es muy amigo de Uribe.
He conservado amistades por encima de las circunstancias políticas, y el gran éxito de mi vida es haber sido condenado por la Corte Suprema y estar impedido para ejercer la política. Porque desde entonces dejé de ser el enemigo visible para muchos, y me permite acceder a todos los partidos políticos y tener suficiente amistad e información de todos.
Después de esa prohibición para ejercer la política, otro se hubiera retirado de la vida pública. Pero usted, después de que la Corte Suprema lo halló culpable y lo condenó a pagar unos años en la cárcel no solo no se retiró, sino que pasó a ser uno de los hombres más poderosos de la radio. ¿Cómo pegó semejante brinco de estar condenado a ser una de las personas más escuchadas del país?
Es la teoría del ave Fénix. Pero para que el ave Fénix pudiera retornar de las cenizas se necesitaba que le pasara la circunstancia que me pasó a mí. Yo llegué a la cárcel acompañado de cincuenta mil personas. Y me recibieron en la puerta cuatro años después, 80 mil. Entonces me di cuenta de que yo no necesitaba el juicio de la Corte Suprema sino el juicio del pueblo colombiano, que ya sabía cuál era la culpa que yo tenía.
¿Y cuál era esa culpa?
Según la Corte, enriquecimiento ilícito. Según el resto de colombianos, atajarme para que yo no fuera candidato presidencial.
Entonces usted jamás tuvo amistad con los Rodríguez Orejuela, como se lo endilgaron…
El problema no son las amistades sino el juego en el que se vio metida mi tierra vallecaucana, en el que todos teníamos derecho a comprar o a vender, a sacarle la lengua o a reírnos de lo que estaba pasando, y cuando se necesitaba existía en esa época lo que se llamaban los cheques, no eran las tarjetas de crédito de ahora ni los cajeros automáticos. Entonces dejaban una huella, y huella en todos los negocios. No sé cuántas personas le compraron a los narcos o le vendieron a los narcos. Debieron ser miles de miles. Pero yo fui la persona seleccionada para ser la víctima propiciatoria, y creo que lo hice bien.
¿Usted conoció a Chupeta? ¿Tuvo alguna relación con él? ¿Recibió algún dinero?
¡No! En la vida. ¡Por Dios! La única acusación que hay contra mí es la de haber recibido un cheque por intermedio de una tercera persona por la venta de un objeto.
Me cuentan que está preparando un libro para sacar esos viejos fantasmas…
Lo que hay que contar es lo que he vivido, tanto, tan intensamente y desde tan temprana edad. Y de esa manera poder aplacar todos los mitos que hay alrededor mío.
¿Pero será una novela?
No. Es un libro para contar mi vida.
¿Cómo se va a llamar?
‘Yo’.
¿Y qué secretos va a contar?
Los que la gente cree que tengo. De pronto son muchos y muy peligrosos.
¿Va a contar de la época turbulenta en la que los Rodríguez Orejuela mandaban por allá?
Y de otras que han sido mucho más turbulentas y que la gente ha creído que no lo son.
¿Va a contar alguna clave del proceso 8.000? ¿Algo que no se sepa de la cercanía del ex presidente Samper con esos señores?
Ya todo eso está contado. Lo que no ha habido es una interpretación, porque los datos están sueltos y de pronto yo sí tengo la interpretación y podré tejer la red completa.
¿En su libro seguirá negando que cometió el delito de enriquecerse ilícitamente y seguirá sosteniendo que lo de su condena y su carcelazo fue una conspiración? ¿Quién conspiró contra usted?
Los que creían que yo podía ser candidato presidencial.
Una conspiración política…
De eso no hay la menor duda. De eso ya el pueblo colombiano no necesita explicación.
¿O sea que todo el andamiaje de la justicia se equivocó, o se jugó del lado de la conspiración?
La justicia no se equivoca. A la justicia en Colombia la politizan. Fue un fallo político, como muchos de los que ahora han estado sucediendo.
Pero según asegura Fernando Rodríguez Mondragón en su libro ‘El hijo del ajedrecista’, usted actuó como escribano del Cartel de Cali.
Eso es lo que dice ese señor en su libro. Pero nadie ha sido capaz de probarlo, porque es absolutamente falso.
Hablemos de su amistad con Álvaro Uribe. ¿Cuándo se ven? ¿Él lo visita?
Lo conozco hace muchísimos años y esta amistad se reforzó por la mía con Pedro Juan Moreno. Desde entonces hemos tenido un trato muy respetuoso. Y cada que él necesita me llama. Yo nunca lo llamo porque me parece que a los poderosos no se les debe llamar.
¿Cuándo habló con él la última vez?
Hace unas pocas semanas, cuando sucedieron los últimos episodios, el envenenamiento de mis perros y las circunstancias difíciles por las que he estado pasando.
¿Qué conclusiones hay sobre eso que le pasó?
Ninguna, porque en este país las investigaciones, cuando son peligrosas, no van más allá de la puerta de su casa.
¿Pero cree que han querido atentar contra su vida?
No, porque me habrían matado. Creo más bien que lo que aquí puede suceder es que quieren hacerme ver que soy una piedra en el zapato para muchos porque digo en La Luciérnaga cosas que nadie dice y como tal, es mejor tocarme las partes más sensibles. Soy un amigo de los animales, y por lo tanto matarme tres perros y cuatro gatos es terrible para alguien como yo. Y destruirme un cerco de Suinglia sembrado durante muchos años solamente para hacerme un daño tiene que ser con otros objetivos distintos del de matarme.
Pero Gardeazabal no es el único que toca temas sensibles en los medios de comunicación…
Probablemente me tocó a mí porque me ven más indefenso. Vivo en una finca de la que no salgo, estoy lejos de la civilización, no voy a cocteles bogotanos, y la gente cree que no tengo amistades.
Dijo recientemente en una entrevista que nunca había tenido tanto poder como ahora. ¿Qué es el poder y para qué le sirve a usted, concretamente?
El poder me sirve para ayudar. Heredé de mi madre la capacidad de ayudarles a los demás. ¿En qué consiste? En poder llamar por teléfono, en poder hacer la diligencia, en poder aconsejar, en poder proponer medidas novedosas, en poder mediar en las peleas terribles en las que he tenido que mediar.
¿Si el Presidente Uribe lo llamara hoy a pedirle un consejo sobre Venezuela, qué le diría?
Que a Chávez hay que darle en la jeta. Hay que hacer eso con los bocones miedosos para que se callen.
¿Usted es reeleccionista?
Me parece un peligro la reelección de Uribe. Pero el problema es que los que siguen detrás de Uribe no han alcanzado la talla suficiente para que el país los quiera.
¿Usted qué piensa de Juan Manuel Santos?
Que es fundamentalmente desleal.
¿De Rafael Pardo?
Que no es candidato. Es apenas un simulacro.
¿De Noemí?
Que está demasiado ficticia en todos sus actos.
¿De Uribito?
Que se enterró el cuchillo por no destetarse a tiempo de Uribe.
¿De Germán Vargas?
Es el más preparado para ser Presidente, pero el de menos carisma para lograr los votos.
¿De Mockus?
Hace musarañas todo el día y nadie lo entiende.
¿De Gustavo Petro?
Me parece muy inteligente pero es del Polo y este país no vota por alguien del Polo.
¿Y finalmente, qué piensa de Sergio Fajardo?
Que es un personaje muy particular. No se deja tocar el pelo, como Sansón. No da ninguna idea fructífera, pero goza del prestigio y muy probablemente le va a ir muy bien.
¿Y de Álvaro Uribe?
Creo que Uribe es un habilísimo vendedor de caballos viejos.
¿Finalmente, por qué ha dicho que quieren que lo entierren de pie?
Porque soy un librepensador. Y en cementerio libre de Circacia he pedido que me entierren de pié porque nunca he doblado la cerviz, y no quiero de muerto ni siquiera estar arrodillado.
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