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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for noviembre, 2009

Cerrando Círculos

Posted by pocho On noviembre - 30 - 2009
Por: Paulo Coelho
Enviado por: Luz Irene Ramirez
Fuente: SlideShare
Aunque no soy seguidor de Mr. Coelho, admito que es excelente este mensaje. Muchos conocidos y amigos pasan años en rutinas que no los conducen a ningún lado. Siguen siendo los mismos, con sus mismos vicios, con sus mismas expectativas…con sus mismos sueños. No se ve una evolución de fondo, sino de forma -sus arrugas-. Debemos dejar atrás nuestro pasado, aprender de las equivocaciones y aciertos que tuvimos; potencializar toda esa experiencia, para enfrentarnos a este duro presente y poder así… pretender un mejor futuro. Carlos Prieto

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Los vampiros de Henry James

Posted by pocho On noviembre - 30 - 2009

Por: Tomas Eloy Martínez

Fuente: El Espectador

345. Twilight

El éxito desmesurado de Twlight (“Crepúsculo”), primer volumen de la saga todavía inconclusa de Stephenie Meyer, ha resucitado el mito del vampiro, que alude al afán de inmortalidad de los seres humanos y a la búsqueda de respuestas en el más allá de los problemas que no se han podido resolver en el acá de la vida.

Las cuatro novelas que Meyer dio a conocer hasta ahora, han abierto las compuertas a un torrente de continuadores del conde Drácula. La mayoría introduce pocas variantes en las ya clásicas historias de Bram Stoker y Sheridan Le Fanu, que iniciaron el género en la Inglaterra victoriana.

Es una lástima que esa generosa moda haya olvidado a Henry James, cuyos vampiros no beben la sangre de los seres humanos ni salen de sus tumbas cuando cae la noche. Son más sutiles e inteligentes: No les interesa la inmortalidad, sino el dominio absoluto del ser amado.

Entre 1881 y 1904, Henry James publicó una docena de novelas que llevaron el género a su estado de perfección y lo prepararon para las transformaciones del siglo XX. Ya es un lugar común afirmar que James es una de las piedras fundamentales de la narración moderna, junto con Marcel Proust, Franz Kafka y James Joyce. Se ha ponderado la precisión algebraica de sus intrigas, el hábil desarrollo de las anécdotas laterales y la elección de un punto de vista dominante para ordenar todas las jerarquías del relato.

Pero quizá el aporte central de James a la novela sea la creación de realidades que están siempre en duda. Todo lo que sucede podría ser de una manera o de otra. El lector, así, tiene que decidir cuál es el verdadero lugar de cada cosa y cuándo los sentimientos se desvían de su cauce y se vuelven nada.

Cierta incomodidad lo aquejaba al narrar la vida sexual de sus personajes. El vampirismo fue uno de los procedimientos oblicuos que le permitieron hacer pie en el tema. En Washington Square (1881), el vampiro Morris Towsend es ahuyentado, un paso antes de apoderarse de su presa, por las intrigas de Lavinia Penniman, tía de Catherine Sloper, la víctima. Cuando Catherine trata de recuperarse, la decepción y los años la han marchitado, y Morris, mientras tanto, ha perdido por completo sus habilidades de seducción.

En The Turn of the Screw (“Otra vuelta de tuerca”), 1898 , la posesión de los niños por los espíritus del Mal —el fantasma de los criados— asume una forma que parece sexual; en The Ambassadors (“Los embajadores”), 1903 , una mujer inteligente y de buen gusto se vale del sexo para transmitir esas cualidades a su amante vulgar.

Pero la apoteosis del vampirismo es The Sacred Fount (“La fuente sagrada”), 1901, una novela breve que los contemporáneos de James pasaron por alto porque la consideraban sólo un juego de espejos en los que no se reflejaba la realidad. Quizá no sea casual que The Sacred Fount haya sido escrita en una habitación privada del Reform Club, desde la cual James pudo observar los funerales de la reina Victoria. Toda una época llegaba a su fin.

James no describe ni da el nombre del narrador de su novela. Lo presenta de manera difusa cuando toma el tren a Newmarch en la estación de Paddington. Ha sido invitado a Newmarch a pasar el fin de semana. En su mismo vagón viaja Gilbert Long, a quien el narrador ha visto siempre como un idiota fatuo, y también la señora Brissenden, que ha ganado en belleza y juventud desde la última vez que se cruzó con ella. Al narrador lo confunde esa transformación. ¿Cómo es posible que la Sra. Brissenden, una mujer tan gris y poco atractiva, se haya embellecido en plena madurez? ¿Cómo puede haber alcanzado una segunda juventud?

Por la conversación entre Long y el narrador, el lector se entera de que ella se ha casado con un hombre mucho más joven. Tiene más de 40 años, pero parece de 25. A su vez Long, que ha sido un “Adonis vulgar y antipático”, no sólo se ha vuelto cordial, sino que también muestra signos de agudeza e inteligencia. Cuando los personajes llegan a destino, el tema central del libro ya ha sido desplegado por completo. La Sra. Brissenden parece haber drenado la lozanía de su marido al volverse más joven y más hermosa.

Pronto el narrador pone su atención en otra mujer, May Server, quien podría ser la fuente de la juventud mental de Long. Éste ha pintado su retrato cuando ella era una mujer de gran belleza y paz; ahora coquetea incansablemente con todos los hombres de la fiesta, en un esfuerzo patético por encontrar los despojos de esa belleza en la mirada de los otros.

De las ambigüedades de Henry James es posible deducir no sólo una estética, sino también una metafísica. Todo lector familiarizado con The Turn of the Screw, Daisy Miller (1879), The Portrait of a Lady (“Retrato de una dama”), 1881, y Washington Square —sus obras más difundidas— sabe que ninguna de ellas tiene un solo sentido y que sólo en la ambigüedad encuentran su razón de ser.

De la misma manera, la idea de inmortalidad que inquieta a James alude a la inmortalidad de la conciencia. Para un espíritu tan poco religioso como el suyo, la muerte es “conclusión y extinción bienvenida” o bien, por el contrario, es “renovación del interés y del deseo”.

Por su complejidad y la delicadeza de su ejecución, la obra de James tiene pocos herederos. Hace tres décadas, alguna crítica inglesa supuso que The Sleepwalkers (“Los sonámbulos” – Die Schlafwandler), 1932, del austriaco Hermann Broch, podía ser un derivado del último James.

Más próximos a su espíritu están ciertos latinoamericanos taciturnos como el autor argentino José Bianco, el escritor mexicano Sergio Pitol y el argentino Adolfo Bioy Casares, escritor de Moscas y arañas.

La grandeza de James está hecha de omisiones y de inexistencias, y lo no dicho enriquece sus ficciones más que lo dicho. En épocas tan poco propicias para las elipsis como las que le sucedieron, el ejercicio de un arte como el suyo parece poco posible.

James condujo la novela a uno de sus límites, agotó ese límite mediante una incesante exploración y saltó al otro lado. Para seguirlo en la aventura habría sido preciso tener su genio, vivir su vida, escribir por segunda vez sus ficciones.

Tomas Eloy Martínez: Novelista y periodista argentino.

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Tal vez el diablo

Posted by pocho On noviembre - 30 - 2009

Por: Héctor Abad Faciolince

Fuente: El Espectador

343. Thomas Midgley“Cuán terrible es lo que los científicos guardan en sus portafolios.” Nikita Krushov

El tipo se presenta como un señor respetable de saco y corbata —un empresario— que tiene un trabajo importante en la industria química. Aclamado por sus colegas, ganador de premios y medallas, fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias, pero quizá nadie en la historia del mundo le ha hecho tanto daño al planeta Tierra como él. Su nombre es anodino y pocos lo conocen: Thomas Midgley.

Supe de él por un libro extraordinario: Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson. Quien quiera entender la historia y el precario equilibrio de nuestro planeta, sus riesgos, sus maravillas, sus misterios, debería leer este libro, claro y ameno, que tiene incluso una versión para niños.

A Midgley se le deben dos de los inventos más dañinos del siglo 20: el aditivo de plomo para la gasolina (ethyl o plomo tetraetílico) y los clorofluorocarbonos (CFC o freón), los grandes culpables de la aniquilación del ozono atmosférico. Como dice Bryson, “una sola molécula de CFC es aproximadamente diez mil veces más eficaz intensificando el efecto invernadero que una molécula de dióxido de carbono… y el dióxido de carbono no es manco que digamos en lo del efecto invernadero. En fin, los CFC pueden acabar siendo el peor invento del siglo XX”.

Los líderes del mundo se reúnen la semana próxima en Copenhague, para tratar de llegar a un acuerdo sobre las emisiones de dióxido de carbono y así mitigar sus efectos sobre el calentamiento global. Pero quizá esta reunión ni siquiera habría sido necesaria de no haber sido por los inventos de Midgley, quizá la persona que más daño le ha hecho a la atmósfera terrestre desde aquella catástrofe del meteorito que provocó la extinción de los dinosaurios.

Podrá pensarse que este diablo no era un demonio deliberado, sino un pobre inventor que no era consciente del desastre que sus inventos desencadenaban. No es así. A este “químico catastrófico” muchos de sus colegas científicos le escribieron para advertirle sobre los efectos letales que podía tener el plomo en los organismos vivientes. Cuando la General Motors, la Du Pont y la Standard Oil empezaron a producir en gran escala este aditivo para la gasolina, los obreros de sus fábricas tuvieron síntomas de enfermedades graves: saturnismo, desorientación, agresividad, ceguera, alucinaciones, fallas renales… El mismo Midgley se intoxicó con plomo, pero tanto él como los empresarios ocultaron estos efectos colaterales del aditivo que les estaba llenando los bolsillos de plata.

Ellos mismos pagaban las investigaciones sobre los efectos del plomo inhalado, pero no daban a conocer los resultados. Mientras en Europa se llegaba a la conclusión de que incluso una de las causas de la decadencia del Imperio Romano había sido el plomo (que los patricios consumían con el vino), pues se sospecha que en buena medida enloqueció a los gobernantes, Midgley organizaba ruedas de prensa en las que se lavaba las manos con Ethyl y aspiraba su dulce aroma para demostrar lo que sabía que era falso: su inocuidad para la salud.

El plomo que el aditivo de Midgley arrojó a la atmósfera lo seguimos respirando todavía hoy. Incluso hay teorías bastante serias que asocian el crecimiento de la delincuencia en las ciudades con la alta exposición al plomo. El plomo produce daños graves en el cerebro, que se manifiestan en mayor agresividad y menos cociente intelectual.

En cuanto a los efectos nefastos de su otro invento, los CFC, sobre la atmósfera y la capa de ozono, Midgley no alcanzó a vivir para enterarse de ellos. Como en una Némesis o venganza divina, lo último que hizo Midgley —al enfermarse de parálisis— fue inventar una máquina con cuerdas y poleas que, con un motor, le ayudaban a moverse. Pues bien, cuenta Bryson que en 1944 el inventor se enredó en las cuerdas y la máquina en marcha lo estranguló. Un poco tarde para el mundo; el daño ya estaba hecho. Del daño se hablará en Copenhague la próxima semana.

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El hombre más rico de Colombia: Luis Carlos Sarmiento Angulo

Posted by pocho On noviembre - 29 - 2009

Por: Ricardo Ávila

Fuente: El Tiempo

“Todo poder humano se forma de paciencia y de tiempo.” Ralph Waldo Emerson

347. Luis Carlos Sarmiento Angulo

En una entrevista humana, cuenta cómo consiguió su primer puesto, su primer banco, su fortuna.

La semana que acaba de terminar fue significativa para Luis Carlos Sarmiento Angulo. Por un lado, vio la luz un grueso libro llamado Cincuenta años de progreso que conmemora el medio siglo de la organización que lleva su nombre. Por otra, el empresario fue distinguido con el Premio a la Vida y Obra que entrega el diario económico Portafolio. Horas después de haber recibido el galardón, atendió a EL TIEMPO en su oficina en Bogotá.

¿Qué reacciones le generan tanto el libro como el premio?

Un inmenso agradecimiento, sobre todo hacia la gente que me ha ayudado a lo largo de estos 50 años y, en especial, a quienes trabajan conmigo. Me enorgullece que al menos medio centenar de individuos en nuestro personal directivo lleva tres décadas o más aquí, sin contar la gente en otros niveles.

¿Qué determinó su carrera?

Dos circunstancias. Una muy específica y otra mucho más general. La primera tuvo lugar cuando empecé a trabajar como profesional a mediados de los cincuenta. Estaba vinculado a una compañía de ingeniería, pero la guerrilla secuestró y asesinó al dueño y debido a eso la empresa entró en liquidación. Cuando salí de allí, busqué la manera de independizarme. Se me presentó la disyuntiva que todos debemos enfrentar alguna vez cuando empezamos: la falta de experiencia. Descubrí entonces que en las zonas de violencia los contratos de construcción no eran tan solicitados porque nadie quería ir y empecé a hacer obras. Me fue bien económicamente, aunque era difícil.

¿Y la segunda?

Que me di cuenta de que soy un buen administrador. Yo empecé como contratista y luego fui empresario. Casi todos esos negocios eran rentables, pero hay un área donde obtuve la mayor parte de mis ganancias: en el mejoramiento de la administración o la organización de empresas. Por ejemplo, adquirí el Banco de Occidente en 1971, aunque en esa época estaba a punto de ser intervenido por las autoridades. Cuatro años después, ese banco era uno de los más rentables del país. Años después, en el Banco de Bogotá triplicamos, en los primeros doce meses de operarlo, las utilidades acumuladas de los cinco ejercicios previos, cuando estuvo en manos del Gobierno. Y eran los mismos trabajadores, el mismo equipo humano, pero con dirección, con estímulos, dándoles una mejor paga. Es que gratis nadie trabaja. A la gente hay que pagarle muy bien y exigirle, por supuesto.

¿Entonces su éxito estuvo en la capacidad de gestión?

Ahí es donde hay un montón de plata. Porque es la verdadera valorización, que no es la especulativa sino la que es consecuencia del trabajo. El valor agregado real y mostrable.

Volviendo atrás, a usted le gustó la independencia desde muy joven…

Sí, empecé a llevar una contabilidad antes de cumplir los 15 años, porque ya había estudiado la materia. Podía trabajar los sábados desde mi casa sin descuidar el colegio. Me mandaban los comprobantes de pago de un negocio de maderas, yo los registraba, hacía los balances y me enviaban un cheque mensual.

¿Y a partir de ese momento nunca dejó de trabajar?

No, nunca.

¿Incluso estudiando ingeniería civil?

Sí, trabajaba medio tiempo o algo parecido. Hacía declaraciones de renta, llevaba contabilidades y me iba bien.

Usted tuvo el mejor examen de admisión a la Universidad Nacional. ¿Cómo le fue?

Muy bien. Ocupé el primer puesto y me becaron. Igual, pagaba muy poco, 40 pesos de la época, pero por eso adoro a esa Universidad.

¿Y la ingeniería?

En cuarto año empecé a trabajar como ayudante en Cuéllar Serrano Gómez. Y eso sí que me sirvió para aprender. Tuve que ver con muchas obras, incluyendo la del Centro Nariño en Bogotá

Por esa época tuvo usted su primer teodolito…

Así es. Fue un regalo de mi papá y con él hice la medición de algunas fincas. Pero lo que más me impresionó fue que eso de salir al campo me hizo sentir la violencia del país. Estuve en varios municipios de Boyacá en 1951, en donde fui testigo de la polarización y el ánimo de sacar a personas para robarles las fincas. Eran desplazados, con la excusa de la política, pero con el objetivo de que alguien les quería robar lo poco que tenían. Tristemente, es el mismo esquema de épocas recientes.

Ya graduado de ingeniero, ¿qué fue lo primero que hizo cuando decidió ser contratista?

Con las prestaciones de la compañía que se liquidó, que eran como 10.000 pesos, me compré una camioneta Chevrolet, que fue mi primer carro.

¿Era una herramienta de trabajo?

La principal. Yo no me bajaba de esa camioneta y viajaba a zonas muy difíciles. Hice el acueducto de Alvarado en Tolima, en donde había tenido lugar una matanza de policías terrible.

¿Y en qué momento decidió pasarse de construir en la Colombia rural a la ciudad?

Apenas acumulé experiencia y pude llenar la hoja de vida.

¿Ya pensaba en construir vivienda o eso se fue dando?

No. Me presenté a una convocatoria de la Caja de Vivienda Popular y me dieron algunos contratos. Después de ver cómo era ese proceso y cuáles eran los costos, me di cuenta de que era un buen negocio.

Además, cambió la regulación…

Así es. Fue el mismo año que fundamos la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo. El cambio fue el acuerdo 6 de 1959 del Concejo de Bogotá, una de esas modificaciones regulatorias que pasaron casi sin ruido, pero que abrieron un espacio inmenso. Establecía que quienes presentaran un plan para construir una urbanización podían aplicar para la licencia de construcción al mismo tiempo. Eso fue una revolución. Fui de los primeros en utilizar ese acuerdo. Compré mi primer terreno en 1961 y empecé. Mi ciencia era comprar lotes muy grandes e irlos desarrollando.

¿Y desde entonces cuántas casas ha construido?

Cerca de 40.000 y solo en Bogotá. Por eso digo que al menos uno de cada 50 habitantes de la ciudad vive en una casa hecha por nosotros.

Cuando llega a un aeropuerto y le preguntan ¿Usted qué profesión tiene? ¿Qué dice?

Que soy ingeniero. Pero cuando me preguntan cuál es su actividad, menciono que soy banquero.

¿Cómo fue la evolución al sector financiero?

Así como empecé a enamorarme del negocio de la construcción, igual me pasó con los bancos. Es que el mayor limitante que yo tenía a la hora de construir era la financiación. Las entidades de esa época veían con terror que una persona como yo llegara a solicitar un crédito para mis clientes.

¿Qué pasó?

Que en un razonamiento simplista me di cuenta de que necesitaba comprar un banco, porque, además, me encantaba el negocio: es administración y buena contabilidad. La dificultad es que cuando quise hacerlo, no había más licencias disponibles ni se podía fundar uno. Hasta que me encontré al Banco de Occidente, que estaba en las últimas.

¿Cuánto lo pensó?

Yo no he sido nunca muy demorado para pensar.

¿Qué hizo?

Les ofrecí a los accionistas siete pesos por acciones que tenían un valor nominal de 10 pesos. Pero no llegué al 50 por ciento, sino al 43 por ciento. Entonces comencé a ofrecer más, hasta llegar a 14 pesos. En ese momento alguien me vendió para lograr la mayoría del 50.

¿Y el resto de las acciones?

Pues volví a ofrecer siete pesos. A los cuatro meses ya tenía el 80 por ciento del Banco.

¿Qué siguió?

La fundación de la Corporación de Ahorro y Vivienda Las Villas, aunque ya tenía una compañía de seguros. En total he fundado o comprado más de una docena de entidades financieras.

¿Ha hecho negocios malos?

Sí, como todos.

¿Muy malos?

No. Pero he tenido pérdidas ocasionales o he ganado poquito. La clave la ha dicho Uribe mil veces: trabajar, trabajar y trabajar. La otra, la gestión administrativa. Esa es la diferencia entre ganar y perder.

¿La crisis de 1982 lo golpeó?

Muchísimo. Yo acababa de hacer la inversión en el Banco de Bogotá y otras cosas. Ese fue un momento muy difícil, pero me dediqué todavía más a la construcción y eso nos sacó adelante. Llegamos a construir 4.000 casas en un año.

¿Y la de 1999?

Ese sí fue un momento muy difícil.

¿Perdió el sueño en esos días?

Por lo general, tengo un problema de sueño espantoso. Pero en esos días dormí mucho menos. Tuve que trabajar durante dos o tres años mucho más que cuando empecé a construir la compañía. Fue necesario ponerles capital a los bancos para apoyarlos, lo cual en plata de hoy sería algo cercano a los 2 billones de pesos. Vendí Cementos Samper y una compañía celular para sacar recursos, pero eso nos dio una confianza casi ilimitada del público.

¿Fue parecido a lo que sucedió recientemente en Estados Unidos?

Mucho. Con la diferencia de que aquí el Gobierno no suministró la ayuda que era necesaria.

¿Qué opinión le merecen las críticas a los banqueros que causaron buena parte de los problemas actuales?

Que son merecidas. Hubo muchos episodios de verdadera irresponsabilidad que yo censuro totalmente, porque tuvieron que ver más con especulación que con el negocio financiero. Pero fíjese que en Colombia no hubo nada de eso. Los juiciosos fuimos los de aquí.

Pero a los bancos se les ataca…

Cierto. Pero esos ataques serían mucho más fuertes si estuviéramos débiles y el dinero del público estuviera en riesgo. Yo creo que en general los colombianos han podido constatar el avance de la banca en las últimas décadas y agradece el buen servicio que prestamos. A nadie le caen en gracia ciertos costos, pero son inevitables. Además, no solo estamos totalmente regulados, sino que pagamos una buena cantidad de impuestos y nuestro nivel de utilidades es comparable al de otros negocios.

¿Ahora trabaja menos que antes?

Tengo una jornada de trabajo de unas 14 horas. Me levanto a las siete y estoy en la oficina hasta las nueve o las nueve y media de la noche. He superado la angustia, el estrés y la desesperación del triunfo. Saber si uno va a tener éxito.

¿Qué quería originalmente?

Uno empieza con una empresa pensando en tener un futuro asegurado para uno y su familia. Ya después uno empieza a sentirse como miembro de una comunidad, de un país y a sentir la responsabilidad de ayudar y servir.

¿Le importa que digan que usted es el hombre más rico de Colombia?

No me gusta tanto. Le aumenta a uno exageradamente el riesgo. Eso no es bueno, pero no hay manera de ocultarlo.

¿Le agobia la seguridad?

Soy muy cuidadoso. Me la tomo con mucha seriedad: la mía y la de mi familia. Es cierto que la privacidad y la libertad se pierden notablemente. Y uno vive sujeto a cosas que no son agradables, pero se acostumbra. A veces, cuando viajo, me doy el gusto de salir sin guardaespaldas que me acompañen.

Dicen quienes lo conocen que su único gusto es el avión privado…

En el sentido de salido de lo normal, sí. Pero me gusta viajar, distraerme e ir de vez en cuando a buenos hoteles. En general soy una persona muy familiar, con cinco hijos y diez nietos.

¿Hoy en día les dedica más tiempo a los temas de filantropía?

Definitivamente. Por ejemplo, a Colfuturo le dedico mucho. También a Anif. Si puedo hacer aportes, los hago.

Le gusta hacer uno o dos discursos grandes al año….

Sobre temas nacionales. Claro, si tuvieran que ver con lo que yo hago perderían credibilidad. Creo que logro un buen impacto en la opinión con eso. Y creo que son provechosos para el país. Es que aquí se piensa que los únicos que pueden hablar del manejo estatal son los políticos. ¡Qué va! Los particulares no solo tenemos, sino que estamos obligados a hacerlo.

¿Por qué el tema de la educación?

Porque incide totalmente en el bienestar del país. Además, yo soy un producto de la educación pública.

¿Es cierto que su gran frustración fue no hacer un postgrado?

Así es. Estaba aceptado en Harvard y no me pude ir. Eso me quedó faltando y sobre todo perfeccionar mi inglés. Me hubiera encantado tener esa experiencia universitaria.

¿Cómo ve a Colombia?

Le veo un gran futuro y creo que el progreso del país en estos 50 años es formidable. El ingreso per cápita más o menos se ha triplicado. El analfabetismo esta prácticamente erradicado. La infraestructura, comparada con la que teníamos antes, ha mejorado muchísimo. Nos falta mucho, sin duda, pero hemos avanzado bastante.

¿Hemos sido mal gobernados?

Algunas veces hemos sido deficientemente gobernados. En ese caso, se habrían podido hacer mejor las cosas.

¿Se considera uribista?

Definitivamente.

¿Reeleccionista?

Lo he dicho públicamente, porque yo he vivido todos los gobiernos anteriores y he visto el enorme problema con la guerrilla y la violencia. La primera vez que se quebró la tendencia de ese problema fue en el presente gobierno.

¿Y no le preocupa el choque de instituciones?

Sí me preocupa. Pero tiemblo al pensar que podríamos volver atrás. Es que llevo 60 años viendo la violencia y Uribe ya demostró que puede hacer la tarea. Ahora, hay que respetar la institucionalidad y la legalidad. No puede haber transacciones en eso.

¿Es optimista sobre el país?

Abierta y decididamente optimista.

¿Qué les dice a los jóvenes que se le acercan a pedirle consejo?

Que aprovechen el tiempo y trabajen por su país. Que aquí están las oportunidades. Si yo no dijera eso, sería un contrasentido.

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Dosis mínima de… humildad

Posted by pocho On noviembre - 29 - 2009

Por: Enrique Santos Calderón

Fuente: El Tiempo

346. Corte

Caricatura: Agarrado con la corte. by. Matador

La insoportable garrotera entre el Presidente de la República y la cabeza actual de la Corte Suprema de Justicia está socavando la majestad de ambas investiduras. Y es que no se trata del energúmeno de Uribe contra el lagarto de Ibáñez. No son dos personas enfrentadas, sino los máximos representantes de dos poderes del Estado, y lo que simbolizan sus dignidades. Da grima ver hasta dónde se llegó en los últimos días. El uno regañando sin necesidad por las emisoras, el otro dando inoportunas entrevistas y declaraciones. Desmintiéndose, toreándose… Deprimente, en realidad.

Dijo el Procurador, cuya mediación debe ser bienvenida, que, debido a esta pugna, “en escenarios internacionales ya se comienza a hablar de la inviabilidad del Estado colombiano”. He estado últimamente en varios escenarios internacionales -sobre todo político-periodísticos- y no me consta que se ventilen hipótesis tan extremas.

Pero sí doy fe del desconcierto y creciente preocupación que en el exterior ha causado esta prolongada pelea y el último ’round’ Uribe-Ibáñez. Sobra decir que el impacto sobre la imagen institucional del país ha sido poco menos que deplorable.

Nadie puede creer que un visceral enfrentamiento entre el Presidente y la Corte Suprema vaya para cuatro años, o que el país lleve seis meses sin Fiscal General en propiedad por causa del mismo. Más aún, que al ya viejo ‘choque de trenes’ se le sume un tenso pulso entre el Ejecutivo y la Corte por la elección del nuevo Fiscal, que se convierte también en un muñequeo de egos entre las cabezas de estos dos poderes.

Entre señalamientos mutuos, acusaciones de mentirosos y guerra de comunicados a la opinión, el presidente Uribe y el magistrado Ibáñez han protagonizado un desolador choque de tono personal. Con el telón de fondo de un descarrilamiento institucional, al que contribuyen estos comportamientos.

Tanto el de Uribe, quien está obligado a buscar la armonía, en lugar de convertirse con sus andanadas en el principal aliado de los radicales de la Corte, como el del presidente de esta, que cede al halago mediático y asume una vocería que ni ganó en las urnas ni corresponde a un colectivo de múltiples juristas. Por más espíritu de gremio que los magistrados ejerzan, la diversidad de opiniones es inevitable. Salvo -claro- cuando los unifican los ataques externos, que tampoco deben servir de pretexto para que la Corte asuma posturas políticas que desvirtúen su misión.

En medio de la encrucijada, no se puede olvidar lo que dice la Constitución para la escogencia del Fiscal General: el Ejecutivo presenta una terna de candidatos y los magistrados de la Corte escogen al ganador.

Obviamente, la política como tal entra a jugar en ambos lados de la ecuación: tanto en la definición de los tres aspirantes por parte del Jefe del Estado, como en las rondas de votaciones de los honorables magistrados. Pero si la política, en su expresión más pura, funciona como el aceite que ayuda a los pernos institucionales a fluir mejor, la soberbia es la arena que los traba y termina por dañar todo el motor.

La sinsalida del enfrentamiento Uribe-Corte Suprema se torna cada vez más delicada. Y se agrava cuando a la tensión institucional se le añade el ingrediente personal. Ni el mejor mecanismo de balance de poderes públicos aguanta el protagonismo vanidoso o la terca pugnacidad de sus máximos voceros.

Pueda ser que la anunciada mediación del procurador Ordóñez rinda frutos. Y que tengan eco los tranquilos consejos que le dieron los nueve ex presidentes de la Corte al presidente Uribe en la larga reunión del jueves.

Aunque errores han sido cometidos en ambos bandos, el Primer Mandatario ha dado muestras de entender lo que se necesita para destrabar una crisis que lleva ya demasiado tiempo: serenidad política y una dosis mínima de humildad.


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Lo bueno… si breve, mejor

Posted by pocho On noviembre - 29 - 2009

Por: Harry Sasson

Fuente: El Espectador

344. Brócoli

“Nuestras vidas no están en manos de los dioses, sino en manos de nuestros cocineros.” Lin Yutang

A veces lo más sencillo es mejor. No hace falta despacharse en adornos, rebuscar justificaciones ni complicar lo que por naturaleza es simple, y queda mejor simple. En la cocina el paladar es muy sensible a la complejidad y al cabo de un tiempo termina por rechazarla.

Siempre que a alguien le preguntan cuál sería su última cena, suele responder con rapidez que alguno de los platos que preparaba la abuela. Al final, todos queremos volver a la cocina de casa, a la familiar, a la de las lindas reminiscencias de la niñez, a la de los sabios consejos y las grandes enseñanzas, a la básica, humilde y sencilla. Fue allí justamente, en la cocina de mi madre, donde aprendí entre miles de lecciones más, a pelar un poco los tallos de brócoli para que queden más suaves. Y, claro, también a comer el brócoli, a tomarle gusto y a meterlo dentro de la bolsa de mis vegetales favoritos.

Y es el brócoli el ingrediente que he elegido para continuar mi serie de recetas con vegetales; y, de paso, para ejemplificar eso que digo, que es mejor volver a lo básico, que la cocina debe quitarse sus trajes pretensiosos para aterrizar en la humilde mesa familiar.

Nada más sencillo que unos tallos de brócoli con su verde encendido, con esta salsa de queso brie, para acompañar alguna carne. ¡Y la salsa sólo lleva dos ingredientes! No es necesario desocupar la despensa ni volverse un ocho frente a los fogones para preparar platos ricos, elegantes si se quiere y, fundamentalmente, sencillos. Anímense, entonces, a hacer más simple, amigable y divertida la cocina, sin enredos y sin complicaciones, pero con mucha creatividad.

Brócoli a la crema de brie

Ingredientes para 4 personas como acompañamiento

4 tazas de brócoli

1 taza de crema

1 cuña de brie

Preparación

Blanquee el brócoli en una olla con agua hirviendo y sal hasta que esté al dente, y luego sumérjalos en agua con hielo para detener la cocción.

Aparte, en una olla deje reducir la crema de leche hasta que alcance la mitad de su volumen, agregue el queso brie cortado en trocitos, sazone con sal y pimienta, y bañe los tallos de brócoli con esta salsa.

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La mayor estafa de la historia

Posted by pocho On noviembre - 28 - 2009

Por: Juan Carlos Botero

Fuente: El Tiempo

340. Raquel“El arte es un plagio o una revolución” Paul Gauguin

Un fantasma recorre el mundo del arte: la estupidez. Y las últimas subastas de arte contemporáneo en Nueva York lo demuestran. Bastan dos ejemplos.

Sotheby’s remató Pareja, de Rachel Whiteread, a quien calificó como “la escultora más famosa de nuestro tiempo”, y definió la pieza con las mismas palabras que se necesitan para hablar del arte de un maestro como Francis Bacon o Lucian Freud: “profunda reflexión” y “valiente introspección”. La obra parecía un par de bañeras blancas, casi idénticas. La compró el Museo Metropolitano. Y pagó una fortuna.

Sotheby’s también ofreció la obra de Bruce Nauman, Violines Violencia Silencio: tres palabras en luces de neón, puestas en forma triangular. ¿Su precio final? Más de cuatro millones de dólares.

El arte contemporáneo está en crisis, y además es una estafa. Los mayores responsables son tres: los creadores por hacer estas piezas absurdas, los críticos por exaltarlas, y (quizá el peor de todos) los compradores, porque al pagar esos dinerales las promueven, avalan y legitiman como “obras de arte”. Antes, millonarios como Frick o Morgan compraban cuadros hermosos de grandes maestros. Hoy, coleccionistas como Pinault o Saatchi compran piezas que, a menudo, ni siquiera son aptas para el público por grotescas y horrendas.

Sin embargo, cuando alguien señala que estas piezas son banales y sus precios un engaño, sus defensores vociferan: el arte cambia, y si nos oponemos a su evolución la creatividad se atrofia. Esa tesis es falsa. La gente no rechaza la evolución en el arte. Rechaza la estupidez. Más aún: es un placer recorrer los grandes museos para admirar las diferentes épocas artísticas y estudiar los cambios estéticos. Es decir: la evolución del arte.

Lo cierto es que a pesar de las diferencias de estilos y épocas, los pintores de todos los tiempos compartían un mismo objetivo: crear belleza y brindarle al espectador placer estético. Así se hizo durante milenios. Hasta el siglo XX. Hoy, el artista sólo busca asombrar al público. Pero, como dijo Borges: “Si el fin del poema fuera el asombro, su tiempo no se mediría por siglos, sino por días y por horas y tal vez por minutos”. Estas obras no sólo son banales, en efecto, sino también efímeras.

Un artista debe crear la pieza que quiera. Eso no se cuestiona. Si Piero Manzoni quiso envasar sus materias fecales en latas y venderlas como obras de arte, allá él. Lo grave es que la crítica aplauda esa tontería y que los galeristas paguen fortunas por lo que el italiano tituló, con razón, Merde d’ Artiste.

Woody Allen afirmó: “Algún día alguien se va a presentar en un teatro y va a vomitar en el escenario. Y no faltará la persona que diga que eso es una obra de arte”. La sociedad, sin duda, tiene el arte que se merece.

Antes, el arte ennoblecía la vida, elevaba el espíritu y embellecía la existencia. Ahora, como estos creadores son incapaces de lograr esas metas superiores, afirman con desdén que ésa ya no es la intención del artista. Qué raro. Fue la meta durante milenios, la razón de ser del arte. En cambio, hoy nos debemos extasiar con las bañeras de Whiteread y los tubos de neón de Nauman. Y exclamar que son geniales. En suma: ésta es la mayor estafa en la historia del arte, y ya es hora de denunciarla.

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Los emperadorcitos

Posted by pocho On noviembre - 28 - 2009

Por: Marcela Lleras

Fuente: El Espectador

Es recurrente ver a jóvenes, que confundidos con las nuevas tendencias que les entregan a diario los medios;  atropellan a todo aquel ó aquello que se les oponga. La solución indiscutible mente, iniciará al interior de nuestras familias. Carlos Prieto

337. Emperadorcito

Hay un Pomona en la carrera once con la calle 76, muy cerca del Gimnasio Moderno, colegio del cual han egresado estudiantes que han sido presidentes de la República, tecnócratas importantes, profesores, científicos, gente que ha tenido influencia en el país.

En otras palabras, es un colegio tradicional en donde se forma parte de la élite bogotana. Algunos de los muchachos mayores van a tomar medias nueves a Pomona. Hace dos semanas, entré a la misma hora en que estaban los muchachos, cerca de las once de la mañana, y el espectáculo era desconcertante: hay un sitio para sentarse, donde la gente puede tomar y comer algo. Ahí estaban los gimnasianos y el piso alrededor de ellos cubierto de papeles, de servilletas, botellas de gaseosa y de jugos. Las canecas para botar la mugre, completamente ignoradas. Al primer golpe de vista me imaginé que estaban desempacando cosas del almacén para ponerlas en las estanterías, pero no, era todo lo que tiraban los muchachos al suelo. Se fueron y entraron las señoras del aseo. Yo le pregunté a una de las señoras que si así era todos los días y me dijo que sí: “Son niños ricos, ni siquiera mis hijos que son pobres son tan cochinos. Como tienen empleadas desde que nacen, dejan todo botado para que ellas se lo recojan”. La administración de Pomona no dice nada, porque gastan.

La adolescencia es una época de la vida complicada, es cierto. Hay rebeldía, encrucijadas del alma y de las hormonas, peinados raros, piercings, etc. Eso es difícil de manejar para los padres, pero normal. Lo que no debe ser es que en las casas de estos muchachos y en el colegio no les estén inculcando el principio fundamental de convivencia, consideración y respeto por los demás.

Advierto que este no es un regaño de una vieja estúpida: “Ala, qué chinos tan maleducados”. No, es de fondo. Estos muchachos son privilegiados. Sus padres han trabajado mucho y duro, o heredado bienes de sus familias. Es muy probable que muchos tengan fincas, que puedan viajar y comprar todo lo que quieren. Pero tienen que aprender que la mayoría colombiana “pasa la vida raspando” y algunos ni siquiera eso, y que todos merecen respeto.

La experiencia de Pomona me dejó muy pensativa, porque si esos son los muchachos que van a manejar el país en el futuro, y aunque parezca insignificante el asunto de que echen mugre al suelo sin importarles la otra gente, eventualmente cuando sean mayores y digamos con poder empresarial o gubernamental, puede llegar a no importarles quebrantar las normas e ignorarán los problemas tan profundos que tiene el país en materia de desigualdad y pobreza. Lo peor es que ya hay una cultura de la avivatada dentro de los muchachos. Incluso, sin tener nada que ver, emulan la cultura traquetica porque está calando el mal ejemplo de la clase política dirigente: la matonería, la individualidad, el egoísmo, la trampa, y como todo queda en la impunidad, estos muchachos pueden pensar que eso es lo que toca, si sus padres y sus profesores no los encaminan desde ya.

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El libro más largo de todos los tiempos

Posted by pocho On noviembre - 28 - 2009

Por: Ana Teruel

Fuente: El País (España)/El Espectador (Colombia)

La Historia Universal quedó plasmada en seis colecciones donde participaron 1.600 expertos.

341. Koichiro MatsuuraKoichiro Matsuura, es actualmente el director de la Unesco, la organización que lleva más de cinco décadas tras el gigantesco proyecto de la colección Historia de la Humanidad.

Londres, 1943. Los aliados se reunían para empezar a organizar el mundo tras la barbarie nazi y ya asomaba una idea que ha tardado más de medio siglo en culminar. Fue la primera vez que se habló de escribir una Historia Universal en la que se hiciera hincapié en lo que los pueblos habían construido juntos, en oposición a la destrucción de la guerra, una labor que llevó a cabo la Unesco a partir de la década de los cincuenta. El resultado son seis colecciones de una media de siete volúmenes en las que se ha movilizado a más de 1.600 expertos de todo el mundo durante casi seis décadas. A principios de octubre se reunieron en París varios autores que han participado en esta aventura para analizar cómo darle la mejor salida a este tesoro, que constituye el libro más largo de la historia.

El gigantesco proyecto comenzó oficialmente con el inicio de la colección Historia de la Humanidad en 1952, en un primer momento bautizada del desarrollo científico y cultural de la humanidad, en un esfuerzo por relatar una visión histórica multidisciplinar. Con los años se le han sumado otras cuatro colecciones regionales sobre África, Asia Central, América Latina y el Caribe, y una temática sobre el Islam.

“La visión en sí ya era utópica”, relata Ali Moussa, jefe de la sección de diálogo intercultural de la Unesco. “Por supuesto, de la utopía a la realidad siempre hay un abismo”. Cuando se creó la primera comisión de expertos, en plena Guerra Fría, las divisiones eran patentes entre occidentales y especialistas del Este. Pese a todo, se logró superar las diferencias y llevar adelante el proyecto. El otro gran reto era huir del etnocentrismo y el primer debate fue sobre la división de la historia. Es célebre la anécdota del experto chino que recalcó que durante el renacimiento europeo, en el siglo XIII, su país ya había tenido varios renacimientos y decadencias. A pesar de los esfuerzos, la primera versión siguió siendo demasiado europea y a finales de los setenta se lanzó una segunda edición más universal, cuyo último volumen salió finalmente el año pasado.

“Todo este trabajo no tiene sentido si no es conocido, utilizado, reutilizado y releído”, explica Moussa. La primera tarea será ahora la traducción. De momento, las seis colecciones no están disponibles en un único idioma. La de América Latina existe sólo en español y la del Caribe sólo en inglés. La organización también es consciente de que para aumentar su difusión necesita publicar ediciones más baratas, utilizar las nuevas tecnologías para distribuir contenidos gratuitos en línea y lanzar una estrategia más agresiva para intensificar su presencia en las universidades.

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El encanto entra por el oído

Posted by pocho On noviembre - 27 - 2009

Por: Esther Balac

Fuente: El Tiempo

339. Oido“Para las mujeres el mejor afrodisiaco son las palabras, el punto g está en los oídos, el que busque más abajo está perdiendo el tiempo.” Isabel Allende

Empiezo por decir que es absolutamente falso que ellas tengan menos ganas de irse a la cama que los hombres.

Si bien es cierto que los señores serían capaces de abalanzarse sobre una mujer en la primera cita, incluso en la mesa de un restaurante, con solo imaginar lo que hay después de una rodilla al aire o en lo más profundo de un escote, no quiere decir que ellos sean más ganosos. Nada de eso. Lo que pasa, simple y llanamente, es que sentimos distinto.

No quiero meterme en problemas con nadie, pero ojalá todos entendieran que el deseo femenino toma un desvío que deja fuera del camino a los ojos y cruza justo por el centro del oído. Mejor dicho, a todas se nos alborotan las hormonas y las ganas con lo que escuchamos, con las palabras dichas por quien tiene que decirlas, en el momento justo.

Aquello de que todo entra por los ojos se desvanece en el terreno de lo erótico femenino. Un hombre es capaz de arrastrarse, de abdicar a un trono y hasta de convertirse en codeudor por un nalgatorio redondeado y firme o por unos senos turgentes, así sean trazados con compás y armados con relleno fluido.

Una mujer, en cambio, necesita más que eso: si Cristiano Ronaldo se quita la ropa delante de ella, pero permanece silencioso y estático, cual guardia suizo, hay más probabilidades de que lo invite a tomarse un café, así sea en pelota, que a meterse bajo sus sábanas.

Claro que las hormonas contribuyen, en buena medida, en la puesta a punto de caramelo, y que su ausencia puede hacer que resulte más estimulante una sesión frente a la lavadora que sobre la cama, pero sería tonto desconocer que el deseo sexual femenino también va de la mano de la tranquilidad emocional, del sentirse queridas y respetadas, del gusto que se siente por el otro y de un entorno grato.

Preguntarán entonces con quiénes se acuestan los hombres en sus primeras citas. Obvio que no es con muñecas de hule sino con mujeres de carne y hueso. Lo reconozco. Sin embargo puedo decir con certeza que muchas de ellas no lo hacen ni enamoradas ni con el deseo alborotado. ¡No se hagan ilusiones, señores!

El deseo sexual femenino está alojado en el cerebro y depende de muchos factores. Para la muestra está el reciente cuento de magos de la farmacología que dicen haber hallado el ‘viagra’ femenino; se trata de un estimulante del deseo sexual que primero se ensayó como antidepresivo. Dicen que aquella que se tome una dosis diaria es capaz de ver sexy al propio míster Bean. ¡Qué horror! Qué pereza que pretendan vendernos siempre la felicidad en pastillas.

Lo que no dicen es que los efectos de la tal píldora apenas son un poco mejores que los de una pastilla de harina. Eso no ha sido obstáculo para que la vendan como el remedio contra la frigidez. ¡Al diablo!

Más que medicamentos lo que necesitamos es buenos polvos. En otras palabras, hombres capaces de hablarnos seductoramente en la oreja antes de mandar la mano, de escucharnos antes de botársenos encima y de esperarnos cuanto sea necesario. Mejor dicho, hombres de verdad capaces de dar eso que no se puede concentrar en un frasquito. Hasta luego.

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