“Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía.” John Ruskin

En las pruebas internacionales de educación, América Latina queda siempre en el fondo de la tabla, codo a codo con los países del África subsahariana y los del Oriente Medio. Un tercio de nuestros estudiantes de quinto año es incapaz de resolver problemas que involucren dos operaciones aritméticas elementales, la mitad no puede entender textos sencillos y dos de cada tres no pueden redactar nada. Ni una línea.
El problema viene desde abajo. La atención en educación y alimentación para los niños menores de 6 años es muy precaria, circunstancia que resulta muy grave si recordamos que el 80% del desarrollo cerebral se produce en los tres primeros años. Sin los estímulos y la alimentación adecuada en esta fase, la probabilidad de padecer retrasos de aprendizaje en fases posteriores es muy alta.
Se calcula que en América Latina y el Caribe hay 46 millones de niños que no reciben estímulo infantil temprano. De estos, sólo cuatro de cada diez irán a la escuela, tres terminarán la secundaria y uno llegará a la universidad. Quizá ninguno alcance un alto desempeño académico.
Los beneficios de invertir en educación son tantos que sólo los estadistas del Tercer Mundo los desprecian. En Estados Unidos, los evaluadores de un ambicioso programa de educación infantil temprana encontraron que un dólar invertido en educación genera 17 dólares de retorno: la buena educación produce adultos que tributan mayores impuestos y reduce hasta en un 35% los costos de los programas de asistencia social. El ahorro asociado con la disminución de la delincuencia sumó once veces el costo del programa.
Por fortuna, algunos países de la región ya trabajan en el problema. Trinidad y Tobago, por ejemplo, está invirtiendo buena parte de su renta petrolera en un plan integral de educación y nutrición que contempla la construcción de comedores y jardines infantiles de alta cobertura y calidad. Bahamas, Paraguay y hasta Perú también iniciaron ya planes semejantes. Por desgracia, los países gobernados por ganaderos, palmicultores, industriales y neocoms aún no enfrentan con grandeza este desafío. Estas castas consideran populistas los subsidios a los programas de educación y nutrición tempranas. Su ‘filosofía’ es más o menos así: ayudar a la banca, abrir líneas de crédito blando para la compra de automotores y subsidiar a los grandes agricultores son operaciones magistrales de alta economía. Abrir un hogar infantil popular o darle un desayuno a un niño hambriento, en cambio, son maniobras propias del populismo más retrógrado.
Según los cálculos del BID, el problema se puede resolver si la región invierte US$14.000 millones al año en salud y educación para los niños de la población más vulnerable. Con esta suma, aseguran los técnicos de un banco que nadie puede tildar de comunista, se puede solucionar este doloroso problema. Con US$14.000 millones podemos cultivar con esmero 46 millones de cerebros de niños pobres. Eso es mucha plata, dicen ‘estadistas’ del Tercer Mundo, pero en realidad es sólo la tercera parte de lo que gastó la región en sus fuerzas armadas y en subsidios para reducir el precio del combustible en el 2008. ¿Será mucho pedir que nuestros gobernantes les dediquen a los niños pobres un tercio del cariño que les brindan a los fusiles y a los carros?
Tomado de El País
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Encuentro altamente pertinente la afirmación y el análisis,incluso creo que vale la pena profundizar en los efectos de la politica pública en nuestros paises sobre los temas de salud, educación y proteccón a la niñez.
Deseo agegrar que el mayor problema en nuestros
paises es la corrrupción y esta solo nace de la profunda indisciplina social que genera la falta de educación, o sea que atacar esto es atacar la raiz de el mas grande de nuestros males,
Sds
G.A.S.
Dr. Arboleda
Es un honor que usted opine en este Blog.
Mil gracias por sus apreciaciones.
Pocho