
Es uno de los hombres que más gente ha perfumado en la historia de la humanidad. El aroma que fabricó a base de esencias florales y alcoholes es reconocible en casi todo el planeta. Más de 2.000 productos han intentado copiar su receta original. Su perfumería es la más antigua del mundo. Por todo lo anterior, el de Giovanni Maria Farina, o Johann Maria Farina o Jean-Marie Farina -como mejor se lo conoce- es uno de los nombres sobresalientes en los anales de la perfumería. En estos días hay una razón especial para recordarlo, porque su famosa creación de laboratorio, el agua de Colonia, cumple 300 años y en muchos lugares se festeja el aniversario.
Farina nació en Italia en 1675, pero se radicó pronto en Colonia, donde estableció un taller de perfumería. El 13 de julio de 1709 logró una mezcla de sustancias que lo llenó de entusiasmo. Luego de comparar su aroma con las mañanas de primavera en Italia, los narcisos silvestres y las hojas de naranjo húmedas, la bautizó como “Farina acqua mirabilis”, el “agua milagrosa de Farina”. El tiempo decidió, sin embargo, que sería conocida por el nombre del lugar donde se elaboró. Así nació el “agua de Colonia”, una de las fragancias más clásicas de la perfumería, que acabó por convertirse en sustantivo común.
La receta detallada es secreto industrial y durante años fue producto de lujo: un frasco costaba lo que el salario semestral de un funcionario promedio del siglo XVIII. Ya no. Ahora esta colonia está al alcance de la clase media, lo que explica en parte su gran popularidad. El resto hay que buscarlo en su aroma discreto, su condición unisex y el hecho de que los usuarios la asocian con la sensación de frescura. Muy pocos de sus imitadores han llegado a amenazar un mercado que se exporta en un 85 por ciento. Solo la lavanda 4711 consiguió abrirse un lugar estable.
Mientras tanto, la tienda donde se vendieron los primeros frascos de aquella “acqua mirabilis” sigue abierta al público y la fábrica es una de las atracciones turísticas de la ciudad. Entre sus clientes históricos figuran los escritores Goethe y Voltaire, el compositor Wolfgang Amadeus Mozart y la reina Victoria de Inglaterra. En tiempos en que el baño semestral o anual era hábito común y escaseaban los buenos jabones, el agua de Colonia fue una grata presencia: una presencia que permanece y dura.