Carlosprieto.net

"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for mayo, 2009

Chicken a la carte (By. Ferdinan Dimadura)

Posted by Pocho On mayo - 13 - 2009

“Unos tienen y no pueden. Otros pueden y no tienen, y nosotros que tenemos y podemos, nos olvidamos de bendecir al señor”. Pero no es solo agradecer el haber recibido tantos privilegios… Es mirar qué estamos haciendo realmente para merecerlos, porque hay millones de seres en el mundo mucho más agradecidos que nosotros, a pesar que no han tenido nuestra suerte y que no merecen la suerte que han tenido. Ernesto Rodriguez.


Sin palabras…

La injusticia no es folclor (By. Jorge Barraza)

Posted by Pocho On mayo - 12 - 2009

Barcelona…peor imposible!. Así como celebramos ruidosamente el triunfo del Barza sobre el Real hace apenas unos días; hoy, criticamos y desaprobamos rotundamente “el como” eliminó al Chelsea. No necesita el Barcelonismo de triunfos como el obtenido ante el equipo ingles.   Los responsables de tan sonado escandalo, no son más que la Fifa y la Uefa; entidades que hoy se niegan al uso de tecnología de última generación en video, aduciendo ridiculamente esto: ”las polémicas forman parte del folclor del juego”. Habrá que esperar que a futuro; la muerte y las tragedias, no empiecen a ser parte del “Juego” que hoy plantean folcloricamente estas dos entidades. Carlos Prieto


Una sensación agridulce invade nuestros paladares. Lo que debió ser una ancha sonrisa mutó finalmente en rictus.

Los hinchas del buen fútbol celebramos la estética y generosidad del Barcelona, su mensaje refrescante, la valentía de su estilo. Gritamos el heroico gol de Iniesta y nos alegró que arribara a la final europea del 27 de mayo. Molesta el cómo.

Chelsea, con armas limpias y una marcación ajustada, severa aunque reglamentaria, le encontró la vuelta para anularlo en los partidos semifinales. Y su arquero Czech casi no tuvo trabajo, ni en España ni en Inglaterra. Perspicaz como se ha mostrado en toda su carrera (por algo es un coleccionista de triunfos), Guus Hiddink le escalonó gente a las fuentes de alimentación de fútbol del Barza; Xavi, Iniesta y Messi. Y le cortó la luz eléctrica. Quedó a oscuras el cuadro azulgrana.

Lo que debió ser un triunfo poco romántico, pero claro del Chelsea, se transformó en empate por obra de los milagros del fútbol. Y esencialmente por el desastroso desempeño del árbitro noruego Tom Henning, quien ignoró, mínimo, tres penales favorables al equipo de Drogba. Pasó el Barza. Que ha hecho un magnífico torneo y merecía la final. Pero en cruces eliminatorios los méritos de cuartos de final no cuentan en la semifinal. 

El mundo quedó perplejo ante el espectáculo que significa no concederle tres penales nítidos a un mismo equipo. “Si este juez vuelve a dirigir algo más importante que un Sub-13 habrá que hablar muy mal de la UEFA”, escribió el periodista Matt Dickinson, del The Times. La prensa británica reclama cinco penas máximas, incluyendo dos faltas a Drogba entrando al área. Y no negamos ninguna. No obstante preferimos centrarnos en tres: una mano enorme de Piqué que no puede considerarse casual; un brazo de Eto’o que vio venir el pelotazo y buscó cubrirse el rostro (¡este en el minuto 95…!) y un agarrón gigantesco de Dani Alves a Maloudá un metro dentro del área; el juez lo sancionó fuera.

La sensación de estupor, de vacío que deja un despojo arbitral es escalofriante. Y en esto no está envuelto el Barcelona. Incluso descreemos de las teorías conspirativas. Simplemente, el réferi noruego Tom Henning se equivocó mucho. O es malo. 

No basta con hacerles pruebas físicas y ponerles auriculares a los jueces,  tampoco con darles cursos ni enseñarles inglés. Todo eso está bien, pero no alcanza. Los réferis deberían ser sometidos a exámenes intelectuales y de fútbol, para saber si son despiertos y si conocen del juego. Si un individuo no puede divisar tres penales clarísimos en un mismo partido no está para una semifinal de Liga de Campeones, partido que vieron más de mil millones de personas. Por más estado físico que tenga. 

Las reglas del juego son maravillosas, perfectas casi. Y el fútbol está hecho de tradición, un componente decisivo de su popularidad. Sin embargo, todo es susceptible de ser mejorado y corregido. En la era tecnológica, el fútbol se niega a subirse a la tecnología.

El rugby, un deporte en franco crecimiento popular y comercial, adoptó hace pocos años el utilísimo y revolucionario video ref. Es sencillo: un asistente del árbitro, dentro de una pequeña cabina al costado del campo, mira el juego a través de un televisor. Si advierte una situación anómala avisa al juez mediante un dispositivo que funciona como un vibrador y que el colegiado lleva en el brazo.

Se utiliza exclusivamente para situaciones de try (equivalente al gol), pues las montoneras son tan nutridas que a menudo no alcanza a distinguirse si un jugador efectivamente apoyó la pelota en el césped, o si lo hizo detrás de la raya. Un try mal concedido puede cambiar un resultado, inclusive en la mismísima final del mundo. “Es una fantástica ayuda, no hay que olvidar que uno está administrando justicia”, comentó el arbitro internacional de rugby argentino Pablo De Luca. “Igual -agregó-, el juez es quien tiene la última palabra”. 

Como futboleros ortodoxos, al principio nos opusimos al novedoso sistema. Una vez que lo vimos nos pareció extraordinario. El juego no se para más de 45 segundos o un minuto (a veces en el fútbol se pierden tres o cuatro con un lesionado).

Sería magnífico aplicarlo al fútbol y que cada equipo tuviera el derecho de pedir dos video ref por partido, uno en cada tiempo. No desnaturaliza el juego, no le quita emoción ni continuidad, lo mejora. Tom Henning hubiera reconsiderado algunos de sus fallos erróneos.

El rugby escapó a las polémicas gracias a esta innovación. El tenis no disminuyó su atractivo por sumar la computadora para verificar si la pelota picó adentro o afuera. Las altas esferas del fútbol sostienen que “las polémicas forman parte del folclor del juego”. Es un pensamiento bastante fresco: la injusticia no es folclor, es injusticia.

Jorge Barraza
Para EL TIEMPO

Tapa bocas

Tapa bocas

No hay que hacer historia patria para saber que las actividades de los hijos del presidente de turno siempre han sido objeto de polémica y hasta de menoscabo de los poderes del Ejecutivo. Tampoco hay que hacer un gran esfuerzo mental para deducir que la controversia por los negocios de Tomás y Jerónimo Uribe no es más que un anzuelo para pescar algo más grande; casos similares hay muchos -unos legales, otros no; unos éticos, otros no-, pero no revisten el interés malsano que este despierta.

Es normal que haya suspicacias en un país donde el tráfico de influencias es tan pródigo como el de narcóticos, y donde hasta se compran leyes -como se desprende de una conversación entre ejecutivos de Fendipetróleo-. Pero hay que entender que una cosa es hacer o tener negocios con el Estado y otra, muy distinta, es hacer trámites ante el Estado, con apego a la ley, que son los mismos para cualquier ciudadano. Solicitar la aprobación de una zona franca no es hacer un negocio con el Estado, sino un trámite ante él; es como pedir licencia de funcionamiento para un negocio -una discoteca, una cafetería- en los términos que la Ley exige.

Existe el prejuicio de que a ellos les aprobaron la solicitud sólo por ser los hijos de Uribe, pero el Gobierno ha reglamentado 47 zonas francas, en las que no participan hijos del Presidente, y no hay razón para pensar que ellos -y sus socios- carecen de la idoneidad suficiente para desarrollar un proyecto con el cumplimiento de los requisitos que tantos otros han solventado.

Los Uribe no necesitaban recibir beneficios espurios por parte de los subalternos del papá porque la Ley obliga a aprobar las solicitudes que cumplen los requisitos. Tampoco requerían ‘información privilegiada’ porque no es el Estado el que decide dónde habrá zonas francas ni dónde hay un negocio que pinta bien. Sugerir que hubo información confidencial equivale a decir que nadie sabía que Bavaria tenía ese lote en venta -con avisos de prensa y todo-; que por allí pasa el tren desde 1917; que la doble calzada está prevista desde 1995, o que el POT de Mosquera proyectaba ese terreno como de uso industrial desde el 2000. Es una necedad sugerir que ese lote iba a ser una ‘selva virgen’ hasta el fin de los tiempos, a menos que un poder malévolo metiera baza allí.

Otra cosa que no hace honor a la verdad es la tergiversación malintencionada de que los Uribe le están robando al Estado 3.000 millones de pesos, cuando esta suma corresponde a la estimación de ganancias de un negocio privado; es más, puede que estén haciendo las cuentas de la lechera y la utilidad sea mucho menor, pero el hecho es que no hay dineros públicos ahí.

Y, por cierto: no hay nada de indecente en el hecho de que alguien haga fortuna lícitamente, a la edad que sea. Es de una aterradora pobreza intelectual argumentar que unos jóvenes como los Uribe (el mayor tiene 28 años) no deberían estar ganándose miles de millones a estas alturas, sino ” ‘mochiliando’ en la Sierra Nevada de cuenta del papá”. Resulta que estos pipiolos no lo han hecho nada mal: SalvArte proporciona sustento a 200 familias de artesanos; mientras que Ecoeficiencia tiene 303 empleados con todas las prestaciones de ley.

El odio de clases, mezclado con la noción de que la riqueza es pecaminosa, es un peligroso coctel maniqueísta que no le hace bien a Colombia. Por el contrario, de estos necesitamos muchos más. Lo que tienen Jerónimo y Tomás es una ‘formación privilegiada’, por lo que hay que abogar por una educación de calidad para todos y propagar la vocación empresarial entre la juventud colombiana.

Cuando los Uribe vendían artesanías, les parecían buenos muchachos a todo el mundo porque esos abalorios no dan plata. Pero un gran negocio era el papayazo perfecto para armar otro sainete protervo contra el Gobierno. La inconveniencia del negocio no se discute, pero el trámite es legítimo.

Saúl Hernández

Tomado de El Tiempo

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