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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Archive for mayo, 2009

The Bear

Posted by Carlos Prieto On mayo - 21 - 2009

Muchisimas sensaciones en este video. Se los recomiendo!!!


Receta para la sencillez (By. Harry Sasson)

Posted by Carlos Prieto On mayo - 16 - 2009

Un postre refrescante

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Preparación que regresa a lo básico resaltando cada aspecto de los  ingredientes.

He profesado con insistencia desde esta columna eso que llamo “volver a lo simple”, una premisa que hoy, en medio de este revolucionado universo gastronómico, suena cuando menos dificultoso.

Nos estamos acostumbrando a la complejidad culinaria, a los ingredientes intervenidos hasta el cansancio, a la modificación de los sabores y las texturas, a las eternas cocciones; y todo eso está bien si se tiene paladar abierto y permisivo. Pero soy un convencido de que al final sobrevivirá la sazón casera, la nobleza original de los ingredientes, la sencillez y las raíces.

En medio de esta filosofía quiero proponerles recetas en las que destaque el ingrediente por encima de otros factores, que sean sencillas de preparar y que se puedan preparar rápidamente en el fogón de casa. Para finalizar mi serie de recetas con licores, les propongo esta salsa de frutos rojos con la que podrán convertir una humilde bola de helado de vainilla en un digno y refrescante postre.

Frutos rojos flambeados al cognac

Ingredientes para 4 personas

6 tazas de frutos rojos (fresas, moras, agraz, frambuesas)

2 cucharadas de mantequilla

Jugo y ralladura de una naranja

3/4 de taza de azúcar morena o panela rallada

1 trago de cognac o brandy

Preparación

Funda la mantequilla, agregue los frutos rojos y saltee un poco. Flambee con el brandy, agregue el azúcar y la ralladura y jugo de naranja. Deje reducir y sirva en una copa con helado de vainilla.

“Algo hicimos mal” * (By. Óscar Arias)

Posted by Carlos Prieto On mayo - 14 - 2009

* Palabras del presidente de Costa Rica, Óscar Arias  en la Cumbre de las Américas (Trinidad y Tobago/18 Abril de 2009)

Óscar Arias

Óscar Arias

Tengo la impresión de que cada vez que  los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el  presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle  cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros.  No creo que eso sea del todo justo.   

No podemos olvidar que América Latina  tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y  William & Mary, que son las primeras universidades de ese  país. No podemos olvidar que en este continente, como en el  mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran  más o menos iguales: todos eran pobres.   

Cuando aparece la Revolución Industrial  en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania,  Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así  la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la  oportunidad.  

También hay una diferencia muy grande.  Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia  de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un  John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia  en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”,  una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los  peregrinos que llegaron a Estados Unidos.    

Hace 50 años, México era más rico que  Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per  cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años,  Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy  Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de  ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los  latinoamericanos.  ¿Qué hicimos mal..?

No puedo enumerar  todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una  escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos.  Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y  Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los  europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en  América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria.

Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50  niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos  más avanzados es de 8, 9 ó 10.    Nosotros tenemos países donde la carga  tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es  responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos  dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la  culpa de eso, excepto nosotros mismos.    

En 1950, cada ciudadano norteamericano  era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy  en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más  rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra. En mi intervención de esta mañana, me  referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que  demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece  ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI,  es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la  pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que  tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por  día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y  soldados.    

Como lo dije esta mañana, no puede ser  que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y  soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El  enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted  apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el  analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo;  que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las  carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos  dedicando los recursos necesarios para detener la degradación  del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente  nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto,  de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras  hijas.    Uno va a una universidad latinoamericana  y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta.  

Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo  muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo  cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en  eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la  gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los  historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el  siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo,  lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros  seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo  sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo,  socialcristianismo…), los asiáticos encontraron un “ismo” muy  realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el  pragmatismo.

Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando  Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de  haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban  enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y  dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en  la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que a  mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me  interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se  hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que  enriquecerse es glorioso ”. Y mientras los chinos hacen esto, y  desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300  millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos  discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado  hace mucho tiempo atrás.    

La buena noticia es que esto lo logró  Deng Xiaoping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos  Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por  eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.   Muchas gracias.

Enviado por Ernesto Rodriguez

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