
Después de tanto “amagar y no dar”, como dice el estribillo de la canción, el senador Gustavo Petro hace expresa su intención de llegar a la Casa de Nariño apelando al favor del voto popular y -vivir para ver- se desmarca de la “cantaleta polarizada” antiuribista de los integrantes de su colectividad (PDA). De entrada, con lenguaje y tono lleno de ponderación, invita a la franja de candidatos y colectividades políticas y sociales independiente a “camellar” en lo que él denomina “la convergencia (aunque la palabreja está desprestigiada por la ‘parapolítica’) para sacar al país de la guerra”, e incluye en el ramillete de convocados a varias de las “uribistas” desertadas de sus colectividades.
Por supuesto, la reacción a la decisión del senador no se hizo esperar y le armaron el “pleque pleque” en la “colectividad amarilla”. Su colega vecino de la “siniestra” de curul, el senador Jaime Dussán, en tono entre rabioso y destemplado, se atreve a vaticinar que “Petro hará su retorno a la colectividad después de Semana Santa, como el perro del verso infantil, arrepentido y con el rabo entre las piernas, más solitario que el Llanero Solitario y menos acompañado de lo que se marchó”; otros, con sarcasmo señalan que la tal “convergencia” no es más que un simple “parapetro”; los más benévolos tratan de encontrar la explicación de la conducta del senador porque el proyecto del Polo se desdibujó y “se convirtió en la trinchera de los mamertos del Partido Comunista y del Moir”.
Pero el tono “despolarizado” con el que se expresa el precandidato presidencial, por ahora, de nada le ha servido para suavizar las lenguas filudas de algunos de sus convocados “desactivadores bélicos”. Cuentan que la ex ministra Marta Lucía Ramírez, en público y en privado, no lo quiere ver ni en pintura (“donde él esté yo no estoy porque es un crítico de la seguridad democrática de mi presidente”, dicen que ella dice); “a Petro le falta aclarar más su propuesta de ‘acuerdo’ porque pareciera que busca sólo agrupar el antiuribismo y eso no es lo esencial en las circunstancias del país”, anotan estudiosos de los asuntos políticos y electorales.
Sin embargo, existen quienes se han atrevido a afirmar que el senador (¿ex polista?) abrevó en la prosa reflexiva del columnista de EL TIEMPO Eduardo Posada Carbó (de estirpe conservadora), quien ha venido insistiendo en convocar hacia el Centro, sigue porfiando en hacer entender la urgencia de diálogo entre Gobierno y oposición y advierte sobre los riesgos que implica para la democracia la polarización.
Quizás para despejar dudas, o de pronto para apuntalar gestualidades coherentes con su propuesta y renovado talante, cuentan que está desaforado visitando (y dialogando por cuanto medio se le atraviesa) a sus convocados (Sergio, Gina, Antanas, Garzón, Pardo, etc.) y, para empezar a tomarse fotos en un tono cromático que, como dice el poeta nariñense, “es de todos los colores”, decidió ir a visitar a los Verdes. Allí, jugueteando con un celular entre las manos, habló pausado, elaborando con el cuidado de la filigrana de un artesano momposino cada una de sus frases. “Separar la política del crimen”, “separar de las tierras fértiles a las mafias” y “una política social coherente” son, según Petro, los ejes para quitar el oxígeno a la guerra obligando a la guerrilla a negociar o llevándola a la definitiva derrota militar (reconoce los logros de la seguridad democrática) y remata diciendo que en el proceso de paz que le propone vivir y recorrer a los colombianos, el protagonista es la ciudadanía y “no la guerrilla ni ningún paraco”.
El precandidato, durante la charla, no se sonrojo ni se puso verde cuando dijo que “la reelección no era mala en sí misma”. También fue claro al reconocer las dificultades para materializar la propuesta del “acuerdo”. “Juntar tanta pluralidad es bien difícil”, anotó. Para ejemplificar su voluntad de apertura al diálogo y a la conversación con la franja independiente, más allá del pro Uribe o el contra Uribe, recordó que fue él el primero que conversó y acordó (en compañía de Navarro) con el gobierno del presidente Uribe los topes de gastos de las campañas presidenciales (“por la plata baila el petro”, dijeron los radicales) en la pasada reciente reforma política. Mirando fijo, como quien trata de descifrar ocultos códigos en los arabescos de la vieja alfombra, dice que “Uribe sabe que hay temas que urgen acuerdos como el de las medidas para enfrentar la crisis en la economía y otros asuntos que son más de Estado que de gobierno”. Culminó su charla enhebrando uno que otro recuerdo sobre su militancia ambiental y no sin antes soltar una sonora carcajada cuando alguien de los participantes, en broma, comentó que “la nueva voz tenía más tono uribista que el de la ex senadora Marta Lucía”.
Así, pues, Colombia empieza a escuchar la palabra de un Petro “despolarizado”. Mientras nos acostumbramos a la lengua y al nuevo “petrono” nos preguntamos: ¿será solo la imagen de un Petro suavizado como recurso de campaña electoral? ¿Será la rectificación necesaria para asumir los postulados del Centro? ¿Se materializará la “megagavilla” de los independientes o el “combo de los magníficos”? ¿Será que la movida alcanza para el 2010? ¿Será que Colombia se mete en la “salvadorización” presidencial? Meditar, meditar, meditar, es el imperativo de los días.
* Constituyente de 1991
Tomado de El Tiempo
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