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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

Ronaldo nos contagió su felicidad (By. Jorge Barraza & You Tube)

Posted by Carlos Prieto On marzo - 10 - 2009

Y ahí, trepado a lo alto del alambre se abrazó con un par de torcedores de Corinthians, la Fiel, hinchada querendona como pocas. Fue algo de una emoción casi incomprensible para otras actividades, uno de los festejos de gol más impresionantes que hayamos visto en décadas. Palmeiras ganaba 1-0 y el partido se marchaba silbando bajito. Ronaldo transportaba lentamente su enorme humanidad (está gordísimo como nunca se lo vio). De pronto vino ese centro que un wing llamado Dios le puso en la cabeza y ‘O Fenomeno’ clavó el empate.


El cabezazo es una anécdota, fue uno más de los millones que vemos en el fútbol; la impactó bien y la bola fue a besar la red. La columna está inspirada en lo posterior.

Ronaldo salió como poseído, saltó las vallas publicitarias, siguió hasta el alambrado y se colgó como un hincha, igual que un debutante que hace el gol del triunfo y no puede reprimir su euforia.

Y ahí, trepado a lo alto del alambre se abrazó con un par de torcedores de Corinthians, la Fiel, hinchada querendona como pocas. Fue algo de una emoción casi incomprensible para otras actividades, uno de los festejos de gol más impresionantes que hayamos visto en décadas. Palmeiras ganaba 1-0 y el partido se marchaba silbando bajito. Ronaldo transportaba lentamente su enorme humanidad (está gordísimo como nunca se lo vio). De pronto vino ese centro que un wing llamado Dios le puso en la cabeza y ‘O Fenomeno’ clavó el empate.

Lo que siguió después es una película titulada LA FELICIDAD. Ahí no hubo marketing ni poses para ganarse a la gente, fue todo honesto, genuino, espontáneo. Y el acierto del periodista que se metió en el campo y lo reporteó en caliente: la alegría que irradiaba Ronaldo era contagiante, estimulante. “Estoy feliz, feliz por este gol, por esta gente, ahora quiero volver a jugar y a anotar”, decía, y sonreía, no podía parar de sonreir y mirar a la tribuna, quería saltar de nuevo y sumarse a la multitud. Fue bellísimo.

Jamás, estamos ciento por ciento persuadidos, Ronaldo fue tan feliz después de un gol. Ni tras aquellos dos ante Alemania cuando fue campeón del mundo. El día que publique su libro de memorias lo va a mencionar, seguro. Este gol, uno cualquiera marcado en medio del torneo paulista, lo devolvió a la vida deportiva, a la vida. Volvió de la noche, del descrédito y del retiro en ese gol. Y lo disfrutó como cuando era un chico de 17 que iba a debutar en la Primera de Cruzeiro. Es entendible: el gol dio vuelta una página negra: un año sin jugar, 14 meses sin convertir y una ristra de escándalos nocturnos.

Ronaldo ha sido un jugador extraordinario, sin alma de número uno, pero fantástico. No tuvo la fiereza, la disciplina y determinación necesarias para convertirse en un monarca venerado y duradero. Igual hemos disfrutado de su técnica excelsa. Su devolución de pared es algo sublime, una joya de precisión tecnológica, igual como ha sido de exquisita su definición frente al arco. Una pena que tomó al fútbol como un canal para alcanzar otros placeres. Si no estaríamos hablando de un jugador de 800 goles. Y apenas lleva 285, por ahí. La naturaleza lo agració con su físico veloz, potente y explosivo, y lo castigó con las lesiones. Y a ello él le agregó los deslices que damnificaron su carrera. Sin embargo es un sujeto querible; nunca se quejó por una falta violenta ni de algún codazo que le acható la nariz.

Tiene una sonrisa de niño, sanísima y buena, contagiante. Esa sonrisa de Ronaldo tras el gol a Palmeiras el domingo se robó todo el fin de semana. La tripleta de Pippo Inzaghi en el Milan, el clásico madrileño y hasta el triunfo de Independiente sobre Boca pasan a un oscuro segundo plano. 

Tomado de El Tiempo & You Tube

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