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"No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de quererlas tratar como verdades absolutas" – Alfred North Whitehead

La última vida del gato (By. Julio César Londoño)

Posted by pocho On Marzo - 16 - 2009

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Mauricio Vargas fue ministro de Comunicaciones de Gaviria, director de Cambio y autor de libros políticos (Memorias del revolcón, El Presidente que se iba a caer) hasta que resolvió coger oficio y escribió una novela, La última vida del gato. 

Lo primero que molesta al lector es descubrir que se trata de una historia con demasiadas arandelas: las cuatro vidas del ‘Gato’, la profesional y la familiar, la presente y la pasada; las tribulaciones de ‘la pasada’, es decir, Jolie, su amor de juventud, la chica que se acostaba con todo el que el ‘Gato’ señalara porque él se excitaba con esas cosas, era un hombre civilizado, muy diferente a esos tipos que ponen el grito al cielo por unos simples cuernos; también hay un mercenario gringo-judeo-argentino, militares que conspiran contra otros militares para salvaguardar sus ‘torcidos’ con narcotraficantes, paramilitares y proveedores en general; un banquero, gremio sospechoso por definición y universalmente antipático’ y Daisy, que hace una pasantía en el periódico donde trabaja el ‘Gato’, una joven de cerebro rápido y rostro delicado, que perturba con sus minifaldas brevísimas y su culo rotundo la sala de redacción. 

Pero de pronto todas estas subtramas hacen click, las arandelas empatan, la novela cobra sentido y entendemos la agitada vida del ‘Gato’, un periodista exitoso, probo y alcohólico, cuyas investigaciones le han costado el puesto a más de un bandido de cuello blanco, entre ellos al general Castilla, director de un organismo de inteligencia del Gobierno. Para vengarse, el General le tenderá al ‘Gato’ una celada magistral, y el mal triunfará una vez más sobre el bien, como se estila en la realidad (los designios divinos son inescrutables) y como sucede también en el cine y en la literatura, porque el bien es muy aburrido; o tal vez la culpa la tiene la entropía, esa ley de la física que nos advierte sobre la vieja fascinación que ejerce el desorden sobre la naturaleza. 

A pesar de que la novela se desarrolla en un tiempo que sigue una curva no lineal, y está escrita en una prosa rápida y con diálogos hábilmente entreverados en la narración, el resultado es claro y rítmico. La época y las mañas son las de la Colombia contemporánea. En los flashbacks, la atmósfera tiene la nostalgia de los 70, cuyas canciones son un leit motiv de la novela, y el texto está lleno de guiños a los lectores de Julio Cortázar. 

Muchas novelas buenas se enredan en su propia trama, y sus autores terminan engolosinados con minucias políticas, como le pasa a Vargas Llosa, el peruano que está alcanzando a grandes pasos su umbral de ineptitud; o con minucias tecnológicas, como le pasaba a Isaac Asimov Inc., un señor que escribió la friolera de 347 libros, casi todos muy malos; o con minucias policíacas, como hacía doña Agatha Christie para llenar los miles de folios de rigurosas pesquisas que le exigían sus millones de lectores. 

Mauricio Vargas no pisa estas cáscaras. Sabe que la política y las investigaciones periodísticas son apenas pretextos para mostrar lo que en realidad nos interesa a los lectores, los dramas humanos que allí se desarrollan, y pone el foco en los afanes de un padre de familia, el ‘Gato’, que quiere arreglar el mundo rápido y escribir el reportaje ya para irse a casa.

Tomado de El País-Cali (16/03/2009)

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