Por: Editorial
Fuente: El Tiempo
La fiesta de los toros, que durante años unió a España y la presentó ante el mundo como un país diferente, ahora amenaza con dividirla. Lo que nació como una campaña en defensa de los derechos de los animales echó raíces en Cataluña, región que nunca se ha caracterizado por el fervor taurino. Tantas, que ahora el Parlamento regional debate la posibilidad de prohibir las corridas en territorio catalán. Hasta ahí el problema no pasaba de ser asunto identitario de uno de los pueblos españoles que tiene idioma propio y características folclóricas peculiares, ni más ni menos que como los tienen los vascos o los gallegos.
Pero la semana pasada la discusión sobre la posibilidad de convertir en ley autonómica el rechazo a los toros se convirtió en guerra regional, cuando la comunidad de Madrid, que abarca 179 municipios pero no la capital, declaró a la fiesta brava como Bien de Interés Cultural, lo que traerá consecuencias importantes: primero, que ningún concejo del mapa madrileño podrá someter a votación la abolición de las corridas, como sí lo han hecho algunas villas catalanas; segundo, que los promotores de la tauromaquia podrían aspirar a subvenciones y apoyos especiales.
A la declaración de la comunidad de Madrid, donde domina el Partido Popular (conservador), se sumaron rápidamente otras dos controladas por la misma fuerza política, Valencia y Murcia. Sin embargo, no se trata meramente de un problema partidista, pues Andalucía y Extremadura, que son socialistas, apoyan la fiesta. La primera, porque es fervorosa cuna de la tauromaquia; la segunda, porque en sus predios prosperan 300 ganaderías, entre ellas la del matador colombiano César Rincón.
En el debate han surgido los nombres de poetas y escritores amigos de los toros. Hay razones culturales, pero también económicas a favor de la tauromaquia. Las corridas facturan cada año más de 3.700 millones de dólares, dan empleo a 200.000 personas, tienen un hato de 135.000 vacas y 7.000 toros en edad de lidia que ocupan más de medio millón de hectáreas. Se trata, pues, de una importante fuente de riqueza. Ahora lo es también de conflicto regional, pues Cataluña considera que la reacción de Madrid ha sido un puyazo sangriento en la lucha que tradicionalmente sostiene contra el interior de España. El Gobierno central permanece neutral, pero advierte que es enemigo de imponer prohibiciones. La faena apenas empieza…
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